Opinión
Apuntes sobre la felicidad
El fortalecimiento de las relaciones humanas para tener una vida mejor
Estudios de Naciones Unidas cuentan que los gobiernos gastaron 2,7 trillones de dólares (sí, trillones: 2.700.000.000.000) en sus programas de defensa el año pasado, que con menos del 1% de esa cifra de ceros imposibles se podrían salvar decenas de millones de vidas que dependen de la ayuda humanitaria, que acabar con el hambre en el mundo para el 2030 costaría 93 billones al año, y que si el 10% de las personas más ricas del mundo donaran unos 20 céntimos al día se cubrirían todas las necesidades humanitarias generadas por desastres y conflictos.
Otro informe, el Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, concluye, después de hacer seguimiento a 700 personas de distinta condición durante más de 80 años, que el secreto de la felicidad no está ni en el dinero ni en la posición social. Parece ser que nuestras relaciones con otras personas, las conexiones familiares, los amigos, la pareja, son lo más importante para una vida larga y feliz. Claro que llevar una vida saludable también tiene que ver, y así lo recoge esta investigación iniciada en 1938, pero la fortaleza de las relaciones, su calidad y cantidad, se revelan como indicadores fundamentales para tener una vida mejor.
A la vista de estos informes, se agolpan las preguntas y se entienden algunas cosas.
Hay comunidades en los lugares olvidados de la Tierra donde la economía llega justo para comer (o a veces ni eso), los niños van descalzos y las casas son de barro o de chapa. Pero nadie se queja, los niños juegan, las familias y los vecinos se apoyan cuando alguien tiene problemas, se buscan soluciones, la comunidad se ocupa de los niños huérfanos y, cuando viene un visitante, comparten su sonrisa más ancha y su comida con esa persona. Pues resulta que esto que parecía excepcional, a la vez que tan simplemente humano, es la piedra más preciosa del santo grial de la felicidad. No lo son ni el oro, ni una cuenta bancaria de infinitos dígitos, ni el poder, ni el número de "likes" en redes sociales.
Así que ¿cómo de felices son los que dedican trillones a programas militares y deciden que no compensa gastar un 1% menos para salvar algunos millones de vidas? ¿Son ellos más felices o tendrán una vida mejor que quienes no tienen más (o menos) que lo básico pero unas relaciones sólidas y buenas? ¿Y aquellos que teniéndolo todo cubierto para ellos y para varias generaciones de sus sucesores deciden que no compensa dedicar unos céntimos al día para la supervivencia de las personas más desafortunadas del mundo?
En último término, ¿qué es lo que queremos de la vida? ¿Pelear y matar? ¿Ser más ricos y famosos? ¿O ser felices?
Que sea un feliz año nuevo para todos y que haya paz.
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