Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Un arca de Noé

El alivio de encerrarse unos días para no ver la podredumbre que nos rodea

Para mí, los Reyes Magos son Antonio Masip encaramado a una carroza disfrazado de rey Melchor. Desde ella, hace tiempo, me saludó lanzando un amistoso "Paco, Paco ..." que dejó estupefacto a mi hijo David, de cinco años, quien luego contaría a su madre: "El rey Melchor conoce a papá".

Poco puedo creer por consiguiente en estos Magos que aparecen en el Nuevo Testamento. En lo que sí creo –o quiero creer– es en el relato sobre Noé y su Arca, alojado en el Antiguo, al principio del Génesis.

Allí se explica cómo Yahvé se cayó del guindo en cuanto descubrió la perfidia que anida en la naturaleza humana. Tardó poco en advertir que la Tierra estaba llena de iniquidad "porque todo mortal había corrompido su camino sobre ella".

De manera que, para limpiarla, mandó a Noé, quien acababa de cumplir sus primeras quinientas primaveras, que construyera un Arca donde se metiera él con su mujer y sus tres hijos y la parentela de estos (¡cuñados en el Arca y, con todo, no se hundió!) más "dos individuos de cada especie, macho y hembra, para que se salven contigo". Se verá que todavía no se conocía más descendencia que la procreada según métodos tradicionales.

A continuación Yahvé desencadenó lo que desde entonces se conoce como el Diluvio universal que serviría algunos años más tarde para que un rey de Francia, Luis XV, dijera aquello de "después de mí, el Diluvio", una forma de anunciar, en plan mayestático, que "os den por ahí ..." o que "me la sudáis".

El otro, el Diluvio bíblico que con precisión estoy narrando, se halla descrito en la Biblia: "porque dentro de siete días haré llover sobre la Tierra por espacio de cuarenta días y cuarenta noches y exterminaré todos los seres que he hecho".

A los cuarenta días les autorizó a salir, mandando llenar la Tierra: "procread y multiplicaos sobre ella".

Y en esas estamos. Yahvé poco había aprendido porque los nuevos seres no tardarían en repetir las mismas lacras que Él había advertido antes del Diluvio, un poco ingenuo sí que nos parece, la verdad.

El resultado ha sido una calamidad, a nadie es preciso explicarlo.

Con todo, lo que yo pediría a los Reyes Magos, si creyera en ellos, es que me metiera en un Arca como la de Noé para, por lo menos, durante cuarenta días con sus noches, no viera la podredumbre que nos rodea, la hecatombe política en que nos ha metido una cáfila de botarates entrenados en contratar suripantas, amañar contratos y afanar untadas.

¿Qué tal unos días sin tener que soportar a "los bufones, truhanes y juglares chocarreros" que describe Quevedo como habitantes de los infiernos?

¿No sería un alivio, un verdadero regalo de Reyes?

En el interior del Arca no existiría el Muro que el Gobierno mega e hiperprogresista ha construido para vivir de la carroña del enfrentamiento como una bandada de zopilotes y también para usarlo a modo de parapeto tras el cual desplegar los mil cambalaches de la fetidez, como hace el prestidigitador con ciertos trucos que desvían la mirada del espectador. Serían nada más que unos días y unas noches ..., después, todo, ay, volvería a ser igual de pestilente, cercano, pringoso, agónico y execrable, pero ¿no nos merecemos ese descanso? n

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents