Opinión
De una Asturias que espera a otra que decide su propia suerte
Más empuje económico y una mayor sensibilidad para cuidar el paraíso, dos de las prioridades para este 2026: cuando existe inversión con criterio y voluntad política, la región progresa

De una Asturias que espera a otra que decide su propia suerte / LNE
Si mañana, la noche en la que la magia todo lo puede, los Reyes Magos quisieran hacer un gran regalo a Asturias, le traerían más empuje económico, soluciones al problema de la vivienda y una mayor disposición para cuidar mejor en sentido amplio del paraíso natural. Estas ideas, incrementar el bienestar y activar el ascensor social, y proteger el entorno se erigen en preocupaciones esenciales de los asturianos.
Uno de los más importantes cambios de Asturias en los últimos tiempos es el nuevo espíritu con el que los ayuntamientos materializan su rivalidad creativa. Sin dejar de competir, la defensa de sus legítimas aspiraciones ya no se desliza por la vertiente del agravio perpetuo y el revanchismo paralizante, sino por el cultivo del respeto, la lealtad y la cooperación. El reciente brindis de Fin de Año de los alcaldes de los principales municipios lo puso de manifiesto. Pidieron los regidores más industrias y nuevas soluciones a la crisis de la vivienda, así como un refuerzo del turismo sostenible.
Sus deseos encajan como un guante en las preferencias que expresan los asturianos en estos momentos a través de las interacciones con las que dan forma a la conversación pública de la región. De su seguimiento de las noticias publicadas a lo largo de 2025 por LA NUEVA ESPAÑA emergen el medio ambiente en sus más variadas manifestaciones –temporales, olas de calor, déficit de energía, deterioro del hábitat– y la economía como inquietudes principales.
El desarrollo de la actividad interesa desde su dimensión más próxima al bolsillo: los impuestos, el empleo, la precariedad laboral, los fraudes, la transición verde y, en especial, la crisis del campo
La preocupación por la naturaleza, más que una novedad, constituye una reafirmación. Los asturianos perciben su territorio como privilegiado y mantienen con él una relación especial de ensimismamiento. El desarrollo de la actividad interesa desde su dimensión más próxima al bolsillo: los impuestos, el empleo, la precariedad laboral, los fraudes, la transición verde y, en especial, la crisis del campo, otra muestra de ese sentimiento de amor inquebrantable al terruño arraigado aquí más que en ninguna otra parte. Si el Principado y la oposición saben apreciar estas sensibilidades, tienen aquí materia para jerarquizar un programa de gobierno.
Sin margen para la autocomplacencia
En el año que despedimos se conjuró el peligro simbólico de bajar del millón de habitantes. La inmigración nacional, gran novedad, y la extranjera invierten el pesimismo demográfico, aunque aboca a nuevos desafíos. El turismo ya no es un fenómeno coyuntural, y el auge del sector de la defensa enriquece la cadena de valor de la industria con empleo cualificado y vocación exportadora.
Tales hitos, cimientos para reconstruir el edificio, no ocultan importantes debilidades. El conflicto del peaje del Huerna desnuda el escaso peso político de la región en la vida pública española. Los planes para sustituir el carbón por el hidrógeno frenaron en seco. Redes eléctricas obsoletas diseñadas en otro contexto empiezan a obstaculizar el mantenimiento y renovación del corazón fabril.
No cabe margen alguno para la autocomplacencia. Pero una cosa por encima de cualquier otra sí mostró el 2025: cuando existe inversión con criterio y voluntad política, Asturias progresa. La decidida apuesta por las comunicaciones aéreas permitió, por ejemplo, multiplicar el atractivo para ganar residentes y visitantes. Y los grandes proyectos empresariales previstos para las áreas logísticas, los viejos pozos mineros o los polígonos fructifican cuando encuentran comprensión, concreción, rapidez y facilidades.
Esa actitud proactiva marca la diferencia entre la molicie de anhelar un futuro gratuito labrado con el esfuerzo ajeno y la apuesta de conquistarlo empuñando con fuerza el timón que determina el rumbo. Y es en la que hay que porfiar a lo largo del año recién nacido para que Asturias pase por fin de ser una región que espera a otra que decida con el esfuerzo del conjunto de los asturianos su propia suerte.
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