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Los chinos

La admiración por esas familias orientales que emigraron aquí y se matan trabajando

Me refiero a los comercios regentados por personas de ese origen que todos tenemos en el barrio. Es gente que me cae bien, aunque no suelo comprar en ellos. Son muy trabajadores, y a mi el señor que se esfuerza, que lucha, me encanta. Además me recuerdan a los asturianos que un día se subieron al barco en el Musel, diciendo adiós a la casería, la madre, los hermanos, el prau La Llosa para posiblemente no volver, y dejarse el pellejo durmiendo en un camastro detrás del mostrador de la ferretería de un tío suyo en cualquier calle de Santiago, o de Buenos Aires, o de La Habana. O a un coche de tercera en la Estación del Norte camino de Francia, o al Alsa dirección Suiza. De ser inmigrantes los asturianos sabemos bastante (aunque a alguno parece que se le ha olvidado). Eso, que me caen muy bien. Y además me asombran, porque siendo su lengua materna un idioma que se habla con dibujos que son casi obras de arte, son capaces de desentrañar el castellano, que se habla con letras. Y eso lo hay que valorar. Confieso, no obstante, que no soy muy cliente de sus establecimientos. Podría alegar que a mi la gente que sonríe mientras mira me da cosa –chinos, japoneses, políticos–, pero no, no es eso. Simplemente se debe a que me gustan las cosas que, al menos en principio, sean de calidad, y lo barato –con excepciones– no suele serlo. Si quiero un buen lapicero prefiero comprarlo en una buena papelería. Eso no quita que en algún momento de urgencia y fuera del horario comercial habitual me acerque al "chino" a por una bombilla.

Viene esto a cuento porque días atrás leí que el actual Ministro de Transportes y Movilidad Sostenible –suena a escalera mecánica ¿no?-, está en la idea de comprar los trenes que nos hacen falta en un chino, o algo así. De este señor no me sorprende. Digamos de mano que, como asturiano, les tengo cierto reparo a los Ministros en general y a algunos Secretarios de Estado en particular (en estas fechas tan señaladas prefiero no hacer referencia a la prórroga a Aucalsa de un ministro, asturiano por cierto, ni al Lespre de un secretario, asturiano por cierto). Pero con el actual responsable de Transportes y Movilidad Urbana –suena a silla de ruedas ¿verdad?– es algo químico-orgánico, hormonal. Y cultural también: los asturianos no llevamos bien la altivez, la chulería, los juegos de manos. Es algo atávico en nosotros, somos muy simples, nos arrastra la víscera, y cuando alguien nos habla con lengua de serpiente, como no usamos "tomahawk", tiramos de fesoria. Somos así.

Repito, admiro a esas familias chinas que se matan trabajando aquí, pues son un ejemplo para mucho mangante, y la única diferencia que tienen conmigo es que a ellos les tocó nacer en una aldea de Xian, por decir algo, y a mi en la calle Jovellanos. Vaya, también que ellos sonríen y yo no, sencillamente porque me acuerdo del Huerna y de los lobos, y de Cascos y de Aznar, Presidente cuando aquello, y de Puente y de Hugo Morán, y de Sánchez, Presidente cuando ahora.

Por eso en mi carta a los Reyes Magos les he pedido trenes europeos, para que el dineral que cuestan se quede aquí, en nuestra Europa, que el Ministro chulapo vuelva a Valladolid cuanto antes, en el AVE a poder ser, y que la España solidaria y guay demuestre su amor por la biodiversidad con actos y no con palabras, es decir, se haga cargo de la parte alícuota de los lobos que están aquí amontonados. Y de ese modo sonriamos todos los asturianos, hayamos nacido en Xian o en El Berrón.

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