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Consciencia comunicativa

La información que suministra cada palabra o silencio

No podemos no comunicar. Nuestra presencia, nuestros gestos, miradas, la actitud y hasta el tono de voz son reflejo de quiénes somos. Somos, en esencia, una manifestación constante de nuestra personalidad a través de la comunicación, incluso cuando no somos conscientes de ello.

En todo momento, enviamos mensajes a quienes nos rodean y a nosotros mismos. Cada palabra, acción o silencio informa, y nuestro cerebro y cuerpo captan esa información como una fotografía fiel de lo que somos. No existe la posibilidad de no comunicar: cada detalle de nuestro comportamiento es percibido y tiene un efecto.

Digamos que se trata de consciencia comunicativa.

A menudo, no prestamos suficiente atención a estos detalles tan evidentes. Sin embargo, deberíamos hacerlo, ya que nuestros pensamientos, palabras, gestos y posturas transmiten continuamente datos sobre nuestra identidad y sobre cómo queremos ser reconocidos. Es fundamental reflexionar antes de comunicar, pues lo que decimos o expresamos puede ser interpretado de formas imprevistas.

La información que transmitimos es sensible y, a veces, puede confundir o llevar a error a quien la recibe. Nuestra actitud influye en la del otro, y tanto los gestos como los silencios contribuyen a crear el clima del momento presente.

Hoy en día, la abundancia de canales de información nos lleva a la "infoxicación": una saturación que se traduce en una especie de borrachera comunicativa. En este contexto, cobra aún más importancia la responsabilidad personal a la hora de comunicar.

Dado que podemos controlar, en parte, nuestras decisiones, es esencial no engañarnos a nosotros mismos. Debemos apelar a la sensibilidad y la decencia para transmitir y transmitirnos con honestidad lo que pensamos, ya sea mediante la palabra, el gesto o el tono; estoy hablando de estilo en la comunicación; merece la pena tenerlo siempre cerca.

La vida ya tiene sus propias dificultades; por ello, nuestra responsabilidad es generar alegría y fomentar un estilo de comunicación basado en la amabilidad, la cortesía y, en definitiva, la elegancia.

No es mala idea tener presente este propósito: "No podemos no comunicar".

Asumir la responsabilidad de esta máxima puede ser un excelente objetivo para este 2026 que comienza. Es importante cuidar lo que pensamos y decimos, evitar hacernos daño, tanto a nosotros mismos como a los demás. Lo que comunicamos y lo que nos comunicamos es nuestra responsabilidad; debemos estar atentos y ser elegantes con nosotros mismos, es la forma de serlo con los demás.

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