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LUIS NEVARES

La energía que no vemos, pero que usamos cada día

El sector térmico contribuye a los objetivos climáticos de la sociedad

Cada mañana, cuando nos duchamos con agua caliente, encendemos la calefacción en invierno o buscamos refugio del calor en verano gracias al aire acondicionado, estamos usando energía térmica. Sin embargo, rara vez pensamos de dónde viene, cuánto consume o si podría hacerse de una manera más eficiente. El sector térmico es, probablemente, la parte más invisible de nuestro sistema energético, pero también una de las más importantes.

La energía destinada a calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria representa una parte muy significativa del consumo energético total, especialmente en los entornos urbanos. En muchos países, entre los que se encuentra España, más del 40% de la energía final se emplea en usos térmicos, lo que convierte a este sector en un protagonista silencioso del sistema energético.

Las instalaciones térmicas no solo garantizan el confort en viviendas, hospitales, centros educativos o edificios industriales. También son responsables de una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero cuando dependen de combustibles fósiles o de sistemas obsoletos y poco eficientes.

En este contexto, la modernización de las instalaciones térmicas se presenta como una de las vías más eficaces para reducir el consumo energético, disminuir emisiones y mejorar la calidad de vida de las personas. Calderas de alta eficiencia, bombas de calor, sistemas híbridos, redes de calor y frío o soluciones de control inteligente son hoy tecnologías maduras y disponibles.

Muchos edificios todavía cuentan con sistemas antiguos, poco eficientes y muy dependientes exclusivamente de combustibles fósiles. Renovar estas instalaciones permite ahorrar energía de forma significativa, disminuir emisiones contaminantes y, al mismo tiempo, ganar en confort y seguridad.

Renovar una instalación térmica antigua y hacerla eficiente y sostenible puede suponer ahorros de energía superiores al 30%, siempre y cuando se acompañe de una correcta regulación y mantenimiento de los sistemas. Esto se traduce en una reducción directa de costes para los usuarios, con lo que estarían amortizando la inversión año tras año.

Con todo lo mencionado anteriormente, las energías renovables tienen una enorme importancia en el presente y en el futuro para cubrir las demandas térmicas. La aerotermia, la geotermia, la biomasa, la energía solar térmica y la fotovoltaica son ejemplos claros de cómo es posible producir calor y frío de forma sostenible. Si cabe mencionar que en algunas ocasiones la forma más lógica de realizar un proyecto es la hibridación de los sistemas, conjugando la energía fósil con la renovable y así aliviar la factura energética.

La renovación del parque de edificaciones existente es uno de los grandes retos del sector. La mayoría de los edificios actuales fueron construidos sin criterios de eficiencia energética, lo que abre una enorme oportunidad para la mejora de las instalaciones térmicas.

Este proceso no solo contribuye a los objetivos climáticos que nos hacen alcanzar, sino que también genera empleo local, impulsa la innovación y reduce la vulnerabilidad energética de muchas familias. El sector térmico, en este sentido, se sitúa en la intersección entre energía, economía y bienestar social.

Nada de esto sería posible sin profesionales cualificados. Instaladores, técnicos y especialistas son quienes hacen realidad las soluciones energéticas y garantizan que funcionen correctamente. Su formación y experiencia son esenciales para que la transición energética llegue de forma efectiva a los hogares. Por cierto, aquí animo a la juventud a formar parte de este proyecto de futuro, pues es una oportunidad que deben aprovechar si desean un empleo con valor añadido.

El sector térmico no suele ocupar titulares, pero su impacto es enorme. Mejorar la forma en que calentamos y climatizamos nuestros edificios es una de las maneras más rápidas y eficaces de reducir el consumo de energía y las emisiones y por ende el bolsillo.

Invertir en instalaciones térmicas modernas y sostenibles es invertir en futuro. Un futuro donde el confort, la eficiencia y el respeto al medio ambiente no sean conceptos opuestos, sino partes de una misma solución.

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