Opinión
De nuevo USA vs Rusia
No hay mejor negocio que un buen dominio colonial, como bien saben muchos países europeos
La invasión-secuestro de Nicolás Maduro en una operación rápida y quirúrgica por los EE UU de Donald Trump es mucho más que la destitución de un dictador.
Es más, no es ni siquiera la abolición de una dictadura, como ingenuamente pensaban desde la oposición venezolana y algunos sectores de las democracias occidentales.
Hace algunos meses (LNE, 01/04/2025), publicaba en este mismo periódico, cómo la supuesta elección de Donald Trump podría ser un cambio drástico de las relaciones internacionales y una vuelta a la dinámica de los grandes imperios coloniales.
Con esta operación Trump, aparte de la gestión del petróleo venezolano, como ya ha dicho, ha querido lanzar un aviso a los viejos, y no tan viejos, estados europeos, e incluso a "algunos otros".
Su consiguiente comunicado de interés por Groenlandia deja claro que sus pretensiones expansionistas siguen formando parte de sus ambiciones imperialistas. Porque no hay mejor negocio, para quien al final no deja de ser un comerciante, que un buen dominio colonial, como bien saben muchos países europeos, pese a que ahora se den golpes de pecho por haberlo sido.
Y eso a pesar de la última declaración conjunta de los principales países de Europa, entre ellos España, llenándose la boca de derechos y declarando "la soberanía groelandesa para los groelandeses". Todos sabemos que la operación de Venezuela no fue sino un aviso, a la par que un negocio, de lo que quiere hacer a continuación con la anexión de Groenlandia.
Difícil será para Europa detener esta anexión. En el mejor de los casos renegociará con la UE una ampliación de sus bases y explotación de recursos. Ya lo decía Sun Tsu hace 25 siglos, la mejor victoria es la que no se libra en la batalla.
La otra opción ante una improbable "oposición" europea es una invasión al estilo venezolano, descabezando al gobernante-opositor y poniendo en su lugar a un gobernador títere, como Delcy Rodríguez en Venezuela.
Difícil lo tiene Europa para impedir esto y habrá que ver la posición que mantenga el Reino Unido al respecto, aliado tradicional del "águila americana" y madre patria suya, no lo olvidemos.
Por supuesto Ucrania ahora mismo ya no representa ninguna prioridad para él. Lo que haga Putin, que lo arreglen los europeos, si acaso puedan.
Lo único que puede contener a Putin, de momento, es la valiente resistencia del pueblo ucraniano que ha sabido plantarle cara al oso ruso. Y eso lo sabe Trump, que se muestra como un espectador privilegiado con ello.
La otra pretensión trumpeana, Canadá, caerá como fruta madura después de lo de Groenlandia y Venezuela, y quizá algunos otros más. Incorporándose pacíficamente, intuyo, como un Estado federal norteamericano. No ha sido el primero, ni será el último, y de eso sabemos algo los españoles.
Al final el objetivo, como así lo declara explícitamente una y otra vez, y con eso no engaña a nadie, no es otro que la "sumisión" del mundo entero a sus pretensiones comerciales e imperiales.
Pero esa lógica que funciona muy bien con Europa y América, ¿podrá seguir manteniéndola frente a los siempre correosos estados orientales? Recordemos que allí se detuvieron todos los imperios occidentales que lo intentaron. Ellos, los asiáticos, tienen otra lógica, una lógica no democrática, y eso es lo que quizá les pueda salvar, y eso es lo que quizá pueda parar a Trump. ¿Pero a cambio de qué?
Aunque la situación del mundo en ese tal escenario no es precisamente de lo más halagüeña, sobre todo para Europa, a no ser que ésta renuncie a sus ingenuas pretensiones de salvar el mundo con sus energías verdes y demás "ocurrencias", y a la insistencia, cual brindis al Sol, en la defensa de unos "derechos internacionales" que no dejan de ser papel mojado sin la existencia de una poderosa fuerza militar que los proteja, como bien decía Gustavo Bueno.
Derechos que, recordemos, fueron iniciados por el imperio español con las primeras jurisdicciones sobre "el derecho de Indias" en el siglo XVI, un derecho bien protegido por las fuerzas imperiales de entonces, por cierto. Y que, "mutatis mutandis", se mantuvo tras la catastrófica Segunda Guerra Mundial cuando los americanos retomaron el rol de gendarmes universales, de ahí estos casi ochenta años de "tranquilidad internacional" pese a la "guerra fría". Pero eso se ha acabado. Es lo que hay.
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