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El análisis político de Vicente Montes de lo que está pasando con la financiación: Las lentejas de Montero

Menú cerrado de cara a la reunión del miércoles en el Consejo de Política Fiscal y Financiera

El regusto amargo de la "ordinalidad"

María Jesús Montero.

María Jesús Montero. / .

Un documento de ocho folios es lo que han recibido las comunidades autónomas como orientación sobre el nuevo sistema de financiación autonómica que el Gobierno de Pedro Sánchez quiere aprobar habiendo logrado ya la aquiescencia de Cataluña, en especial la de ERC, dispuesta a convertirse en firme defensora de un modelo que ningún territorio aplaude en el resto del país. Este miércoles, los consejeros de Hacienda de los gobiernos autonómicos (por Asturias está previsto que acuda la vicepresidenta Gimena Llamedo por cuestiones de agenda) se enfrentarán en una reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera al "modelo Montero", que busca salvar los muebles de la gobernabilidad en Cataluña, poner en un brete a Junts y ganar tiempo de legislatura. Ha sido presentado tras el entendimiento con la Generalitat y con ERC, y diseñado en un contexto de aritmética parlamentaria delicada. Pero una reforma del sistema de financiación autonómica no es un elemento de juego en la estrategia a corto plazo. Esa es la cuestión de fondo.

Por todos es sabido el refrán: "Lentejas, comida de viejas; si las quieres las tomas, y si no, las dejas". Ese es, en cierto modo, el plato que servirá la ministra María Jesús Montero sobre la mesa de la reunión con los gobiernos autonómicos: una reforma sin muchos matices de debate, que puedes aceptar o no, y que si no rubricas te deja como estabas. Hay un comensal claramente dispuesto a meter cuchara: Cataluña. Y hay otros territorios a los que se busca tentar con el olor del potaje (especialmente los considerados infrafinanciados, como Murcia, Andalucía y la Comunidad Valenciana) en los que gobierna el PP, que deberá decidir si acepta el menú o deja el plato humeante. La garantía de que "si no comes" tampoco pasas más hambre que hasta ahora (es decir, te quedas en términos financieros como estabas) supone otro anzuelo.

Alonso Quijano, aquel hidalgo de lanza en astillero y adarga antigua, se enfrentaba a la legumbre los viernes (día de vigilia). Consideradas las lentejas un guiso humilde, más cuando iban solas o "viudas", siempre fueron un plato recio, calórico y nutritivo. En cierto modo, la ministra de Hacienda coloca ante las comunidades autónomas un guiso que sacia, ya que a todas inyecta más dinero, pero que viene cocinado utilizando la receta previamente pactada con Cataluña. Si las quieres, las comes; y si no, las dejas.

La información técnica remitida a las comunidades autónomas enumera los ingredientes, pero llega sin simulaciones, calendario ni cifras. Primero, inyecta más recursos en el sistema. El refuerzo de la suficiencia financiera se apoya en mayores cesiones del IRPF y el IVA, y en que las transferencias del Estado sigan teniendo un papel relevante, especialmente para reducir diferencias de financiación por habitante ajustado.

Se produce además una modificación relevante en el cómputo de la población ajustada; esto es, la vía para hacer que ciertos colectivos que requieren de más servicios tengan "más peso" que otros. Ese cambio amplía los grupos de edad tanto para evaluar las necesidades en materia de Sanidad, Educación o Servicios Sociales de cada territorio. Hasta ahí, el planteamiento puede ser razonable para mejorar la equidad del reparto. ¿Dónde está el elemento "peligroso" para Asturias? En el ingrediente camuflado de la "ordinalidad".

La cocinera Montero se ha esmerado en ser calculadamente ambigua al respecto. La ordinalidad busca, en lo esencial, que el orden relativo de las comunidades según su capacidad fiscal no se invierta tras la redistribución. Traducido: introduce un freno a la nivelación y desplaza el sistema desde la igualdad de acceso hacia la protección del estatus fiscal. Puede tener su aparente lógica, salvo que lo veamos así: los vecinos de un barrio rico de Oviedo, ¿deberían tener un centro de salud con mejores médicos, más dotación y equipos más avanzados que el consultorio de un barrio cuya población aporta menos impuestos por tener salarios más bajos?

Esa es una de las claves que, sutilmente, desliza el guiso de la ministra para atender a las demandas del independentismo catalán, históricamente exigente de esa "ordinalidad" que no se cumple, sin tantos dramas, para Madrid, por ejemplo. La ambigüedad es la antesala para colocar el engaño. Y María Jesús Montero (y con ella Oriol Junqueras) ha sido especialmente difusa a la hora de decir si el modelo que pone sobre la mesa encierra la voluntad de instaurar la "ordinalidad" en el reparto de los fondos para las autonomías. Ha dicho que su propuesta cumple esa "ordinalidad" para Cataluña, la comunidad que la reclama, pero no para otras; también que el modelo "tiende" a ese objetivo, sin aclarar plazos ni maneras.

La posición del gobierno asturiano debería estar clara. El propio consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, apeló a las resoluciones de la Federación Socialista Asturiana para rechazar de plano cualquier intento de establecer un reparto que "beneficie" a las comunidades ricas.

El 19 de enero de 2025, el PSOE asturiano estableció la resolución política de su último congreso. En el documento, en un apartado específico, se recalca que urge reformar el sistema de financiación y que eso debe hacerse "de manera consensuada en el marco multilateral" que representa el Consejo de Política Fiscal y Financiera: es decir, sin pactos previos que fijen el menú.

También refiere explícitamente que la "posición definida y clara" de los socialistas asturianos la establece el acuerdo alcanzado con el resto de partidos en la Junta General. El sistema de financiación "debe garantizar en todo el territorio, a todos los ciudadanos con independencia de donde vivan, un nivel equivalente y una prestación con calidad de los servicios públicos".

La resolución señala además que por esa razón "no cabe aplicar un principio de ordinalidad que implique una financiación privilegiada para determinados territorios". "Siempre hemos defendido que el sistema debe estar centrado en los ciudadanos y no en la capacidad fiscal de los territorios, que conllevaría una financiación privilegiada". Conviene repasar esa resolución política, que abunda en la razón de fondo por la que rechazar cualquier tentación de implantar la ordinalidad. "Hablamos del modelo de país que queremos, del corazón de nuestra arquitectura territorial y competencia", señala el documento. Y más adelante: "El sistema debe recoger el coste real de los servicios públicos y centrarse en las necesidades las personas, partiendo de una premisa clara, los impuestos los pagan los ciudadanos, no los territorios".

Ese deberá ser el prisma bajo el que el gobierno asturiano deberá evaluar la propuesta de Montero. Pero no vale, tampoco, esa idea de que si no quieres las lentejas, las dejas. Porque otros las devorarán con gusto. La cuestión es si el guiso es o no el adecuado. Y no caer en la trampa de que, pan con lentejas, ¿de qué te quejas?

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