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En el laberinto venezolano

La desquiciada política de Trump

Leía yo una entrevista con Jack Szostak, premio Nobel de Medicina, que acaba de publicar en España un libro titulado "Vida y cosmos". En ella, el investigador responde a una pregunta del periodista afirmando que la mejor lección que enseña la ciencia es la humildad, porque realmente sabemos muy poco del mundo. Es una reflexión sensata y llena de sabiduría. Pasé página y me encontré con Trump, su actitud abusiva, cínica, exhibicionista, y sus amenazas, ejemplo perfecto de una arrogancia tan desmedida que resultaría cómica, si no fuera por las consecuencias de sus palabras y sus actos. El contrapunto moral y político lo puso el rey Felipe VI en el discurso que pronunció ante los embajadores españoles, destacando "la necesidad de comprender las claves y las motivaciones subyacentes a todo lo que sucede" y haciendo votos por el rápido establecimiento de una democracia auténtica en Venezuela.

La situación creada a continuación de la captura de Maduro resume la complejidad del momento actual, el desconcierto y el desafío al que nos enfrentamos. Todo es un contrasentido. Quizá un día descubramos la lógica, si tienen alguna, de los hechos que hoy acontecen. Que haya actores políticos con las ideas muy claras al respecto no implica que estén acertados en su interpretación de la realidad ni en sus decisiones. La perplejidad y prudencia con que está reaccionando Europa tiene su justificación en la dificultad de adoptar una postura firme en una coyuntura contradictoria e imprevisible, problema que se agudiza por la división entre las fuerzas políticas con mayor apoyo electoral en la Unión.

En su asalto al poder, Trump prometió un retorno de la política estadounidense a los asuntos internos. Su gobierno no provocaría más guerras y se alejaría de los conflictos en el exterior. La prioridad era la economía y una redefinición más restrictiva de la sociedad americana. Sin embargo, Estados Unidos ha alcanzado en apenas un año el máximo protagonismo en la escena internacional y, además, con una declarada predisposición a hacer uso de las armas. Trump esgrime que actúa así por razones de seguridad nacional. Lo cierto es que Estados Unidos no podría ser el país que es sin ocuparse del orden mundial. Y ocurre que le ha surgido un competidor en el único ámbito en el que ha ejercido una hegemonía incontestable durante casi un siglo, la economía. El objetivo de Trump es contener el avance de China, visible en todo el mundo, incluso en su propio país.

Se aducen diversas motivaciones para explicar lo que está pasando en Venezuela desde que la reclusión de Maduro en una cárcel de Estados Unidos. El hecho es que ha sido sustituido por quien fue su mano derecha y la persona con más poder de su gobierno. Las relaciones de Delcy Rodríguez con la administración norteamericana, antes y después de la operación militar contra Maduro, son cuando menos ambiguas y una incógnita para el futuro. La colaboración que se observa hasta la fecha entre líderes a los que se supone ubicados en posiciones ideológicas antagónicas solo puede causar extrañeza. La combinación del discurso chavista con una actuación impuesta al dictado por el sempiterno enemigo imperialista no podrá sostenerse por mucho tiempo.

Lo que sí queda claro es que en el plan del gobierno de Estados Unidos no figura el asentamiento inmediato de una democracia en Venezuela. Marco Rubio ha mencionado una tercera fase de transición, pero sin concretar hacia qué. Antes, dijo, habrá que estabilizar y reconstruir el país. Trump se ha reunido con empresarios petroleros para pedirles grandes inversiones. Ha asegurado que Venezuela estará bajo su control durante años. Pero Trump no es un demócrata. No aceptó el resultado de unas elecciones en su país e incitó al fraude y a la toma violenta del Capitolio. Sin embargo, Corina Machado, que ha arriesgado su vida y aún está obligada a permanecer en un escondite, como cientos de compatriotas siguen presos en las cárceles, hace manifestación pública de su confianza en que la democracia llegue cuanto antes a Venezuela traída por Trump, al que brinda gestos halagadores. Es jugar con fuego.

La confusión que reina en torno a Venezuela define el panorama de la política mundial, desquiciada por la peligrosa desmesura de Trump. Antes o después, las sociedades en crisis vuelven a un orden estable. Mientras la historia presente se decanta, vuelve a la actualidad con aviso de urgente la vieja cuestión de qué debemos hacer frente a los abusos del más fuerte. De la sumisión a la resistencia o la lucha, podemos elegir.

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