Opinión
Gente que viene y buah
No hace falta que te chives para evitar rollos poco higiénicos pero puedes confeccionar tu propia lista de gente tóxica con la que tienes que convivir de una u otra forma. Hay contactos que se pueden evitar y contactos que no. Hay espacios de los que algunas personas pueden escapar y espacios que no permiten la huida. En fin, cosas de la vida. Losas de la vida, a veces. La toxicidad no suele pillar desprevenidos a quienes toman precauciones porque se supone que hay suficiente bagaje como para saber por dónde van a ir los tiros sin gracia. Hay quien define a ese tipo de personas como vampiros de energía. Dráculas de colmillo bien afilado aunque no siempre visible a las primeras de cambio. Suelen ser especialistas en envasar al vacío todo aquello que no coincide con sus prioridades y se escudan en barreras de fuerza hostil con las que tratar de mantener cautivos a quienes se niegan a cultivar envidias, celos, rencores, desconfianzas y demás flora venenosa. En trincheras de política y determinados círculos culturales y catódicos son el plan suyo de cada día. Y en mundos virtuales ni te cuento. El verdadero peligro no llega de quienes manejan con torpeza los disimulos porque su vocerío negativo, negativo y solo negativo llega a ser tan continuo y cansino que da tiempo de sobra a desconectar a tiempo o buscar vías alternativas de alejamiento preventivo. Las redes son un lugar donde la gente dañada se desahoga a borbotones y acoge los casos donde las ondas más peligrosas tienen un trazo más fino. Más astuto. Más falso: la zancadilla que no lo parece, la mano de apoyo que en realidad sirve para empujar más al caído, el gesto que parece conciliador y se revela poco a poco como maniobra que busca debilitar y desorientar... Es habitual, se lamentan, la queja sobre el uso de la maledicencia para extender una versión manipulada de los demás para usarla como blindaje propio. La gente más sensata recomienda atajar el contagio. Y para eso hay que minimizar todo lo que se pueda el contacto y poner límites. Líneas rojas. No se necesita dar portazos, basta con impedir que se bloquee la salida a pisotones.
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