Opinión
Sin salir del marxismo
Si el llamado principio de ordinalidad no solo debía explicarse sino que debía quedar inexplicado, únicamente la ministra y vicepresidenta María Jesús Montero podía hacerlo, dada su clínica gramatical. Con lo fácil que ha sido para Oriol Junqueras: "Tenemos un acuerdo sobre el principio de ordinalidad, en el sentido de que si Cataluña es la tercera en aportar, también sea la tercera en recibir. Por lo tanto, hay un acuerdo respecto a la ordinalidad y, en este caso, representa para Cataluña 4.700 millones más". No solo fácil, sino inteligible. Pero la ministra Montero no tiene la culpa de que la sintaxis sea una gracia que no quiso darle el cielo (a Cervantes no quiso darle la de poeta) y, menos aún, culpable de que los periodistas no se conformen con Cataluña, empeñados en saber cómo va a afectar el principio de ordinalidad al resto de comunidades. Hombre, hombre, ¿tan difícil es entender que se trata solo de Cataluña?
El problema del Gobierno va a ser calificar de progresista este nuevo sistema de financiación, siendo tan reaccionario. No solo porque priorice la "singularidad" de Cataluña, sino porque anula el principio de solidaridad que establece la redistribución entre todas las comunidades. Si al menos Cataluña fuera la que más aporta, casi podría entenderse que recibiera 4.700 millones extras, que en eso consiste su "singularidad", en lo que recibe extra. Pero "es la tercera en aportar", como reconocía el propio Junqueras, y debe ser, por tanto, la tercera en recibir. En fin, aunque Enrique Tierno Galván ya dijo, hablando de sí mismo, que "Dios nunca abandona a los buenos marxistas", lo cierto es que los marxistas, buenos o malos, han abandonado a Marx, que partió del principio "A cada cual según su aporte", atribuido a Étienne Cabet y a uno de los precursores de la socialdemocracia, Louis Blanc, y lo reformuló como se conoce: "De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades".
El nuevo sistema de financiación autonómica ya ha pasado el primer trámite, el de su presentación a los ciudadanos, ya que el Gobierno, por su parte, cumplió informándoles sobre el principio de ordinalidad, como era su obligación, y los ciudadanos, por la suya, entendieron que "la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte", como era de esperar. Sin salir del marxismo. Con razón, solo la ministra y vicepresidenta Montero podía explicarlo, con razón, por ser inexplicable para ella misma y quedar inexplicado para los demás.
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