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La del truhan y el señor

Polémica nacional y riña política a cuenta de la denuncia contra Julio Iglesias por abuso sexual

Dos antiguas empleadas de Julio Iglesias denuncian abusos sexuales por parte del cantante en sus mansiones, y España, fiel a su tradición cainita, decide convocar una nueva edición del festival de las trincheras ideológicas. Ayuso defiende al artista mientras tararear "Un canto a Galicia" sin permiso de Feijóo. Será que a la baronesa le pone este Quijote que presume de ser español donde va. Las ministras feministas, por su parte, lo atacan como si el laureado artista fuera el villano de "Hey": Iglesias, no vaya presumiendo por ahí de su colección de conquistas. Ana Obregón se pone el traje de lentejuelas, secándose las lágrimas de cocodrilo de la vieja amistad mientras el país observa boquiabierto, preguntándose si lo que se debate es cuestión de justicia o se trata de un nuevo reality político en horario de máxima audiencia.

Entre hashtags de indignación y memes de Tricicle, la ética queda fuera del inesperado recital. Parece que Julio tropezó dos veces –o algunas más– con la misma piedra, en virtud de su calidad de truhan y de señor, mientras los políticos bailan agarrados sobre el escenario de la polémica, cuidando más la coreografía que el sentimiento de las víctimas, unos; y ciscándose los otros en la presunción de inocencia. La vida sigue igual: cualquier excusa sirve para polarizar; cualquier escándalo ayuda a dividir aún más a la nación. Tanto a la izquierda como a la derecha, los asuntos de casquería y bragueta, "le van, le van, le van".

Esta la cosa como para hacer las maletas y huir a Groenlandia. O hagan como yo, que si tengo que olvidar, bebo y olvido.

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