Opinión
¿Ha abandonado Trump a Corina Machado?
Como buen subastero, solo Donald Trump sabe cuál será su apuesta final en Venezuela. Mientras, acentúa la sensación de que es quien mueve los hilos del mundo y el resto son meras marionetas a las que les da mejor o peor papel en función de lo dóciles y aduladoras que sean. Este jueves recibió con nocturnidad y alevosía en la Casa Blanca a Corina Machado, la mujer que ganó las últimas elecciones en Venezuela y que hasta el 3 de enero era la piedra en el zapato del régimen de Nicolás Maduro. Desde ese día, Trump se ha dedicado a cortejar a Delcy Rodríguez y a menospreciar, al menos en público, a Corina. De hecho, la comida sin fotos con la opositora vino precedida de una llamada y un torrente de elogios a la que había sido bestia negra. Solo faltó que le entregara la medalla del premio Nobel de la Paz.
Las oscilaciones de Trump tienen especialmente descolocada a la clase política en España, donde Venezuela es, desde hace tres décadas, casi un asunto de política interior. A Gabriel Rufián se le pusieron los pelos de punta en el debate del Congreso de este jueves al tener que compartir apuesta estratégica con Trump frente a una Cayetana Álvarez de Toledo a la que le costaba sostener en la tribuna el wishful thinking de la oposición al chavismo: Trump necesita tiempo para que los hermanos Rodríguez le entreguen el control efectivo de Venezuela y pueda promover unas elecciones libres para que Corina sea presidenta. Con Trump nunca se puede decir de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre, pero los precedentes no son muy halagüeños, sino que pregunten a los chilenos cuánto tiempo soportaron a Pinochet o a los nicaragüenses a Somoza. Por no recordar lo que se hizo con Franco al acabar la Segunda Guerra Mundial.
De manera que no hagan mucho caso de los que les digan que son conocedores de la estrategia secreta de Trump porque, posiblemente, es tan secreta que ni el propio Trump la conoce y no hay que olvidar que los "niños" como les llama él son los que se comprometieron personalmente con Machado, principalmente Marco Rubio, que, en la cabeza del estrambótico presidente, es más títere que Cayetana o la misma Corina. Igual todo sería más fácil si viésemos a Trump como un personaje de Pedro Calderón de la Barca en El gran teatro del mundo y no como el presidente de la primera y mayor democracia liberal del planeta.
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