Opinión
Groenlandia, una isla distópica
Un territorio muy rico en recursos geológicos
Como para echarse a temblar, el presidente de Estados Unidos de América ha sentenciado "Vamos a hacer algo con Groenlandia por las buenas o por las malas". Se trata de una brutal amenaza de un imperialismo desbocado haciendo caso omiso de las leyes internacionales, presagio de otro orden ―más bien desorden― mundial. Esta nueva configuración del tablero global representa una aceleración o puesta a punto de lo ya anunciado en 2019 por el envalentonado inquilino de la Casa Blanca en su primer mandato presidencial, aunque esa idea nunca pasó de ser una propuesta informal.
Sin embargo, no me corresponde a mí adentrarme en la valoración política de la concatenación de estos hechos, pues en este artículo me incumbe relatar la riqueza en minerales e hidrocarburos de esta enorme superficie territorial (con 2.522.000 km2 y solamente 56.000 habitantes) recubierta en un 80 % por hielo.
Groenlandia posee una riqueza geológica excepcional, con un subsuelo de los más antiguos del planeta, formado mayoritariamente por rocas del Precámbrico (Arcaico y Proterozoico) de génesis metamórfica (gneises, migmatitas, anfibolitas y granulitas), algunas de las cuales superan la edad de 3.000 millones de años, que estuvieron sometidas a intensos fenómenos tectónicos, magmáticos y metamórficos.
Este estado nórdico, autónomo en la mayoría de los asuntos internos, está vinculado desde hace más de dos siglos a Dinamarca ―aliado de la OTAN― en política exterior y defensa. Contiene depósitos de hierro bandeado ("banded iron formation", con magnetita y hematites), aluminio (criolita), níquel, cobre, cobalto, platinoides, wolframio, zinc, plomo, titanio, oro, uranio (asociado a complejos alcalinos), piedras preciosas (rubíes y zafiros), grafito y uno de los criaderos más importantes de tierras raras (TR) del mundo, ricos en elementos claves para las tecnologías verdes, algo fuera de lo común exceptuando a China. Su laboreo debe ser realizado por minería a cielo abierto, lo que implica un impactante deterioro de los ecosistemas, con enormes movimientos de tierra y una sofisticada tecnología de tratamiento metalúrgico.
Unos 38,5 millones de toneladas de TR se distribuyen por el sur isleño (cerca de la localidad de Narsaq, con unos 1.700 nativos) en el complejo de Ilimaussaq, uno de los yacimientos más emblemáticos del mundo descubierto en 1956. Sobresalen las minas de Kvanefield y Kringlerne/Tanbreez, que contienen una mineralogía extremadamente compleja formada en un proceso magmático muy evolucionado, compuesta por más de 225 minerales, incluyendo muchos de los elementos las tierras raras (disprosio, terbio, cerio, lantano, neodimio e itrio), así como uranio, torio, circonio, niobio, berilio y flúor.
El calentamiento producido por el cambio climático favorece el afloramiento de estos recursos cruciales para la transición energética (imanes permanentes, electrónica avanzada, energías renovables y tecnologías militares y aeroespaciales), lo que incrementa su interés extractivo.
Pero además de toda esa riqueza mineral contiene hidrocarburos ―en especial, ubicados en el lecho marino ártico― aún no explotados industrialmente, dadas las limitaciones económicas, ambientales y tecnológicas. Se calcula que el subsuelo groenlandés podría contener miles de millones de barriles de crudo, aunque se estima que podrían aumentar sustancialmente si se practicasen prospecciones rigurosas en su costa occidental y se descubran nuevos campos. No obstante, el gobierno de Groenlandia exhibe una restrictiva política respecto a la exploración de petróleo y gas, sustentada en una preocupación medioambiental y del clima extremo.
Además de su riqueza geológica, Groenlandia tiene una situación clave en el Ártico, dada su proximidad a rutas marítimas estratégicas aprovechadas por países como Rusia y China, gracias al deshielo que provoca el cambio climático, facilitando la navegación comercial. EE.UU. ya posee en el norte territorial la base aérea Thule ―ahora base espacial Pituffik―, una instalación militar fundamental para la defensa antimisiles y la vigilancia espacial.
De consumarse el expolio de Groenlandia significaría una profunda regresión geopolítica, delatando una codicia desmesurada del gobierno estadounidense por secuestrar recursos geológicos ajenos. Por tanto, es previsible un futuro abocado a la distopía, o sea con un escenario indeseable, opuesto a la concepción utópica de un mundo ideal, caracterizado por la alienación, el control totalitario y el colapso total en manos de la ambición del más poderoso.
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