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Alcalde, consejero, amigo

Los dos nacimos en la Güeria Carrocera. Graciano Torre era más joven que yo. Le conocí ayudando a su tío en el reparto de vino. Más tarde, fue profesor. Me gustaría abordar tres facetas suyas: alcalde, consejero y amigo.

Cuando en 1995 fui elegido presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), él era alcalde de San Martín del Rey Aurelio. Yo estaba empadronado desde hacía años en Oviedo, pero le llamaba "mi alcalde de nacimiento". Me felicitó y yo me puse a su disposición. Nos vimos y me comentó que tenía varios proyectos, entre ellos que lo que era el teatro o el cine del Hogar del Productor, en El Entrego, que pertenecía al patrimonio sindical acumulado, pasase a ser patrimonio municipal. No hubo ningún problema y esa fue nuestra primera colaboración.

Posteriormente, cuando fui elegido presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, la primera de las cinco antenas camerales que establecimos en Asturias se instaló en El Entrego, siendo él alcalde allí. Ambos cumplíamos una satisfacción.

Como consejero, fueron muchos años de colaboración. Primero con Vicente Álvarez Areces y después con Javier Fernández como presidentes. Como consejero de Industria, era mi interlocutor natural. En todo momento encontré una colaboración leal y sincera. Nos respetábamos, nos escuchábamos. En las reuniones de concertación, que a veces eran duras, era de los consejeros, casi el único, que se hacía notar ante Vicente Álvarez Areces, con quien se atrevía a discrepar en público a veces.

Como anécdota, en una de las negociaciones de la concertación social, tenía yo un comité ejecutivo en FADE. Chano y algún consejero más estaban con Vicente Álvarez Areces. Por entonces no existían las videoconferencias, abrimos los teléfonos en alto y estuvimos negociando. Aquella negociación fue muy dura. Había una diferencia muy importante en el importe de una partida de inversión. Duró tanto que, al final, él también se marchó con Areces. Cerramos la negociación y, después, me llama. Ya estaba en Sotrondio tomando una botella de sidra en La Cabaña. Me felicitó por haberlo conseguido después de horas de negociación. Siempre tuvimos una relación abierta y muy cordial.

En la línea de lo que ahora hace LA NUEVA ESPAÑA, trabajó mucho por los asturianos en el exterior. Fue un fiel testigo de los esfuerzos que se habían hecho con este objetivo. La prueba está que yo constituí siete asociaciones en el exterior. La primera en México. Allí descubrimos a Valentín Díaz Morodo. Antonio Suárez ya andaba por aquí. También estuvo en la fundación de la CEAM (Confederación de Empresarios Mexicanos) y asistió juntamente con Areces a la constitución. Tengo el acta constitutiva de las siete asociaciones que se constituyeron en Oviedo. En eso me sentí enormemente apoyado por él. Es un proyecto que lamento mucho que se hubiese abandonado por parte de la Federación Asturiana de Empresarios. La prueba de que esto funcionaba es que cuando le propuse a Chano la concesión de las medallas de Asturias en favor, primero, de Valentín Díaz Morodo, y, después, de Antonio Suárez, lo acogió de buen agrado y lo hizo valer ante Areces.

Siendo yo presidente de la Cámara de Comercio, luché mucho y él me acompañaba en ese intento por la fusión de las cámaras de comercio. No pudo ser. Y cuando en el año 2010 se quitó la cuota cameral obligatoria de las cámaras, nos pilló la noticia regresando de Argelia y le dije: "Consejero, hay que hacer algo". Porque la cuota cameral tenía dos objetivos fundamentales: la formación y la internacionalización. Y me respondió: "A tu disposición".

Existía en aquel momento Asturgar, una asociación que representaba a los empresarios que exportaban. Pero había que fomentar y ayudar a los que no exportaban. Latinoamérica siempre era el mercado más propicio para nosotros por la afinidad del idioma. Finalmente se creó Asturex. Le costó convencer a Álvarez Areces, y me dijo: "Haz los estatutos". Al ser una entidad semipública, el Principado debía tener mayoría en su participación, la FADE el 25 por ciento; y el resto, las cámaras de comercio y Cajastur. Ese empeño de fomentar la salida hacia los mercados exteriores dio unos resultados que tienen mucho que ver con el impulso de Chano. En México llegamos a reunirnos con el presidente Peña Nieto en 2012. Íbamos a estar media hora y estuvimos dos horas.

Chano gozaba del aprecio del conjunto de los empresarios asturianos. Cuando abandoné la presidencia de la Cámara y de la FADE, continuamos teniendo reuniones dos veces al año, con comidas. Participaban Graciano Torre, Justo Rodríguez Braga (UGT), Antonio Pino (CC OO) y Vicente Fernández, jefe de gabinete de Chano. Posteriormente se unió a esas comidas Fran Varela. En las dos últimas, Chano ya no pudo acompañarnos.

Graciano estaba muy orgulloso de su familia: de su mujer Rosa y de sus hijos. Mi opinión es que puede descansar en paz con la satisfacción del deber cumplido. Yo me quedo con la satisfacción de haber disfrutado de su respeto, leal entrega y sincera colaboración institucional. Y de una amistad sincera, personal. A su esposa e hijos quiero trasladarles mis más sentidas condolencias. Pueden sentirse orgullosos de su trayectoria vital.

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