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La historia bien contada: así es la "Crónica de la Transición en Asturias" de José Manuel Vaquero

"La reconquista debería empezar por nosotros mismos tomando conciencia de nuestra realidad", afirma el autor de esta obra: pocas palabras más certeras se pueden pronunciar en la Asturias de hoy

Rafael Fernández, primer presidente del ente preautonómico, responde a preguntas de UCD durante un Pleno en el Parlamento regional.

Rafael Fernández, primer presidente del ente preautonómico, responde a preguntas de UCD durante un Pleno en el Parlamento regional. / .

El Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) acaba de editar el libro "Crónica de la Transición en Asturias (1975-1983)", que da un hilo conductor a las crónicas políticas publicadas en LA NUEVA ESPAÑA, durante el citado periodo, por José Manuel Vaquero, actualmente consejero de Editorial Prensa Ibérica, grupo al que pertenece este periódico. La obra se presentará este lunes día 19, a las 19.30 horas, en el Club LA NUEVA ESPAÑA por los directivos del RIDEA Ramón Rodríguez y Javier Junceda, junto con la directora general de este periódico, Ángeles Rivero.

Hay que celebrar el rescate público, medio siglo después, de las crónicas que José Manuel Vaquero escribió en los años más decisivos del pasado reciente para la sociedad española, por tanto también para los asturianos, y que dormían olvidadas en las estanterías de la hemeroteca. Ocupan casi 1.400 páginas, distribuidas en dos volúmenes, pero su lectura es ágil y resulta entretenida. Aparecen tal como fueron insertadas en su día en la contraportada de LA NUEVA ESPAÑA, sin correcciones. Unas páginas iniciales, que sirven de introducción general, desvelan la concepción del oficio que puso en práctica el periodista y su perspectiva firme y clara de Asturias, agudizada por la información acumulada con el paso del tiempo. Algunos artículos son distinguidos con una presentación propia. La edición del RIDEA, en su conjunto, es un acierto pleno.

Los procesos históricos no tienen fecha determinada. Señalar en el calendario el principio y el final de un cambio social es un empeño necesario y a la vez poco menos que imposible. Si entendemos por transición política el intervalo que se extiende entre un régimen y otro, cuando las reglas del juego en torno al poder no están definidas, el tránsito de los españoles habría culminado en 1978 con la entrada en vigor de la Constitución tras ser refrendada, que supuso la instalación de una democracia en España. Más difícil es determinar su inicio, aunque se haya convenido en apuntar la muerte de Franco. Aplicando un criterio estricto, la Transición no habría comenzado hasta la presentación por Suárez de su programa de reforma política a través de un mensaje televisado el 10 de septiembre de 1976.

No obstante, el debate continúa. La primera pieza de Vaquero reproducida ahora fue publicada el 23 de diciembre de 1975, al día siguiente de la coronación del rey Juan Carlos, y la última el 17 de diciembre de 1982, dos semanas después de la formación del primer gobierno de Felipe González, que había ganado las elecciones celebradas en octubre con una mayoría inigualada hasta hoy. Así que la edición del RIDEA recoge las crónicas de la Transición que firmó Vaquero y, además, las de la fase de consolidación de la democracia. En aquellos cuatro años que siguieron a la Transición propiamente dicha, el futuro de la democracia recién establecida en España era todavía incierto y se produjeron hechos que han tenido una influencia perdurable en nuestra vida política hasta la actualidad.

Los asturianos hicimos la Transición con los españoles, pero fuimos partícipes en unas circunstancias específicas y de un modo particular. Asturias, definida por Vaquero como una región pequeña con fuerte personalidad, se adentraba entonces en una crisis total de su estructura económica, que no por estar anunciada provocó una respuesta más rápida. A resultas, impulsada por la globalización y las políticas estatales y de la Unión Europea, la sociedad asturiana se encuentra aún hoy sumergida en su segunda gran transformación histórica, de mayor calado que la trajo consigo la industrialización. A diferencia de otras regiones, la Transición en Asturias estuvo condicionada por la presencia dominante de la empresa pública, la colonización de los partidos por unos sindicatos fuertes y bien organizados, que Vaquero considera anómala, y la supremacía de una cultura política de izquierdas, que tuvo su reflejo en la competición electoral, el signo ideológico de los gobiernos autonómicos y municipales y en muchos y diversos aspectos de la esfera pública.

En las crónicas trasluce esta singularidad tan característica de nuestra región, que incluye la paradoja de un asturianismo político sin arraigo social. Durante meses, Vaquero hace referencia a una manifestación que se va a convocar para estimular la conciencia autonomista. Entre el escaso interés que muestran los asturianos y la indecisión de los partidos, la espera se vuelve eterna, hasta que se celebra con una pobre asistencia de manifestantes. La preautonomía y la redacción del Estatuto asturiano reciben la atención permanente de Vaquero, que se esfuerza en comunicar los avances, los obstáculos y hasta algunas pequeñas minucias de la negociación política y el trámite parlamentario del texto.

Las tensiones internas en los partidos y las relaciones entre ellos y con los sindicatos es un tema fijo en las crónicas, que alcanzan en este punto un estimable interés para la investigación histórica. A Vaquero no se le escapa detalle. Describe las convulsiones que sufrieron los partidos, como la dramática escisión del PCE en el congreso celebrado en Perlora, la discusión sobre el marxismo y la pugna sindical subterránea en el PSOE, la alianza no exenta de recelos entre sectores obreristas e intelectuales en las filas de la izquierda o el pulso entre democristianos y socialdemócratas por el control de UCD, que fue coalición múltiple antes de ser un solo partido, siempre fragmentado por dentro. Descubre la rivalidad política y personal entre los aspirantes al liderazgo de unas siglas y a los puestos en las candidaturas que de acuerdo con los pronósticos ofrecían mínimas garantías de llegar al escaño. Con apenas unos trazos compone el perfil humano y político de las figuras que descollaron en el escenario de la Transición. Facilita datos del número de afiliados, uno de los tesoros escondidos más apreciados por los politólogos, que permiten calibrar las dimensiones de las organizaciones políticas, protagonistas principales del proceso democratizador, y su implantación en la sociedad asturiana. Toma la medida de la correlación de fuerzas que existe en cada momento en el seno de los partidos. Explica el origen de "la chequera", un resorte de poder de probada eficacia inventado en Asturias, y la mecánica impuesta por el SOMA en el PSOE y en la política de la comunidad autónoma durante unos lustros críticos para la región.

El periodista observa y cuenta lo que ve. La noticia, dice Vaquero, "es aquella que alguien, generalmente poderoso, trata de ocultar". El la persigue a sabiendas de que la verdad íntegra es inalcanzable. Aunque los entresijos de la política están cada vez más a la vista, coincide en esto con Bobbio, quien dejó escrito que la transparencia era una de las promesas incumplidas de la democracia. La columna de Vaquero, afirmó Gracia Noriega en sus deliciosos apuntes sobre los sucesos de aquel tramo de nuestra historia, "merece mención especial, era la más prestigiosa de Asturias, y los políticos, del signo que fuera, se desvivían por salir en ella". La Transición pasó por sus crónicas, pero Vaquero no fue un mero relator. Como les ha ocurrido con frecuencia a colegas suyos, él se zambulló plenamente en el acontecimiento histórico. El compromiso con la democracia en ciernes que palpita en sus artículos le granjeó la confianza y la complicidad de los lectores.

Tras recorrer todo el escalafón profesional en el sector de la prensa escrita, José Manuel Vaquero se ha retirado discretamente a reflexionar. Su visión actual de Asturias está contenida en el prólogo, que acompaña oportunamente a las crónicas e incrementa el valor de esta edición, y en el discurso de ingreso en el RIDEA, titulado "Asturias, ante dos dilemas decisivos", que leyó en febrero de 2023. El balance de la ya larga etapa de democracia que hace Vaquero está algo sombreado por cierta melancolía. La constitución de Asturias en Comunidad Autónoma, producto de la Transición, casi sin proponérselo, ha puesto en manos de los asturianos un poder como nunca antes habían tenido, del que no hemos sido capaces de obtener todo el provecho. La falta de liderazgo, de espíritu de equipo, los errores cometidos, una alternancia política fallida, han limitado las posibilidades de la región. Vaquero habla incluso de fracaso y declive. Su perspectiva es inconformista y exigente, pero alentadora. En dirección al futuro, sugiere que "la reconquista debería empezar por nosotros mismos tomando conciencia de nuestra realidad". Pocas palabras más certeras se pueden pronunciar en la Asturias de hoy. Para hacernos cargo del presente conviene darse una vuelta por la Transición y el proceso autonómico en Asturias, dejándonos llevar por las crónicas de Vaquero.

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