Opinión
Lío en la casa del idioma
No resulta fácil identificar la línea de conflicto de la actual sacudida en los territorios de la Real Academia. En lo descriptivo parece claro que el diccionario no debería hacer vida al margen de la infinita creatividad del hablante, pero tampoco pasar a ser un vertedero de efímeras ocurrencias, sin separación siquiera de materiales. Desde luego la RAE tampoco debería ser (y seguramente no es) la policía de costumbres de lo políticamente correcto. Pero, en lo prescriptivo, debería optar siempre por el rigor, pues, siendo evidente que literatura e idioma se construyen y recrecen en las afueras de la norma, perdiéndole el respeto o sin más transgrediéndola, solo la firmeza de la propia norma hace posible una transgresión creadora. Es la misma razón por la que Georges Bataille, el mayor transgresor en literatura erótica (entre otras) del siglo XX, era firme partidario de la moral sexual.
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