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"Muy raro" dentro de lo "tremendamente extraño": análisis de Javier Morán sobre el siniestro ferroviario de Córdoba

Estado de uno de los trenes siniestrados entre cuyos restos investiga la Guardia Civil

Estado de uno de los trenes siniestrados entre cuyos restos investiga la Guardia Civil

En la noche de la tragedia ferroviaria de Adamud (Córdoba), la tercera en gravedad de la joven tirando a madura Alta Velocidad europea, que es como decir toda la AV mundial, el ministro Puente expresó su perplejidad por todos los factores favorables que, a pesar de ellos, devinieron en catástrofe, y con tal número de muertos y heridos que la sitúan por detrás de los siniestros de Eschede (Alemania, 1998, con 101 muertos y 88 heridos), y Angrois (Santiago de Compostela, 2013, 79 fallecidos y 144 heridos).

Los elementos que no hubieran hecho temer el accidente, según el ministro, eran el tramo en recta donde acaeció el desastre y la juventud y buen estado del convoy de Iryo (incluyendo la pericia del maquinista), cuyo descarrilamiento provocó el choque frontal contra un Alvia Caf de Renfe.

No obstante, un elemento de estricta fatalidad fue la coincidencia temporal de ambos convoyes, ya que que si el Alvia hubiera cruzado por la vía inversa tan sólo un minuto antes, a sus 200 kilómetros por hora, no se hubiera topado con el Iryo Hitachi-Alston justo en el punto de descarrilamiento.

Con todo, lo que el ministro Puente no mencionó en su primera rueda de prensa fue que el punto sobre el que se produjo la catástrofe era un puesto de banalización, es decir, un desvío o cambio de agujas que mediante aparatos de vía automatizados permiten a un tren en vía doble pasar a la vía contraria.

Estos aparatos de vía comportan ciertas complicaciones en la marcha, pero no provocan situaciones de riesgo y sólo obligan a ciertas reducciones de velocidad en el tren que rueda sobre el desvío como tal.

Poco después del accidente, el Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), informó en su red X que “el tren Iryo 6189 ha descarrilado en los desvíos de entrada de vía 1 de Adamuz, invadiendo la vía contigua”.

Esta comunicación de Adif indicaba el lugar conflictivo donde se produjo el descarrilamiento, lo cual suponía el señalamiento de una complicación que podría estar en el origen de la catástrofe y a la que el ministro no ese refirió en ningún momento durante la referida comparecencia.

Pero hay más. Ya en la madrugada, algún foro ferroviario comenzó a recordar que Adamud ha sido durante meses recientes, e incluso años, un nombre que con frecuencia aparecía en las notas de estado de vías del Adif. Después, a primeras horas de la mañana de este lunes algunos foros y medios de comunicación digitales comenzaron a reproducir dichas notas del Adif en las que exponía repetidas dificultades de circulación en dicha zona.

Pero, insistimos, ni el puesto de banalización ni el nombre de Adamud figuraron en la rueda de prensa de Puente. ¿Acaso el ministro no recibió información inmediata por parte de técnicos y mandatarios del Adif y de Renfe sobre estos hechos comprobados?

Como amigos del ferrocarril lamentamos la tragedia humana sufrida por tantas personas y deseamos fervientemente equivocarnos en lo que aquí hemos expuesto, pero también esperamos con el máximo interés que todo ello sea explicado. Confiaremos en el Adif y en Renfe. Pero si el factor infraestructura ha sido el causante de la catástrofe la responsabilidad apuntará en una dirección precisa. Entonces, habrán sido raras y peligrosas ciertas omisiones.

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