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Asturias ante el cinismo y la histeria sobre la financiación autonómica

La discusión sobre el modelo y la posición del Gobierno asturiano

Vuelve a primer plano el sistema de financiación, algo que a pesar de su importancia después de años de retraso y de situaciones de infrafinanciación de los servicios públicos propios del estado de bienestar, a duras penas logra introducirse en medio del histrionismo presidencial, el caos y el unilateralismo caníbal de Trump y de la política de ámbito internacional.

Uno de los problemas de la estructuración de España como país apenas puede ser tratado y estudiado en medio de la furia y el ruido ambiente general, a los que se suma de nuevo la contaminación de los apriorismos de los presidentes, y no solo de los conservadores, de las CCAA transmutados en arietes de oposición política, como sucedáneo de la oposición parlamentaria con respecto a la inviabilidad del gobierno: entre la ilegitimidad de las alianzas parlamentarias y la exigencia de convocatoria electoral anticipada.

En sustitución de los análisis y de los argumentos, se impone en primer lugar el cinismo de considerar que la financiación de todos sólo puede reformarse en marcos multilaterales, aunque no haya sido lo habitual y mucho menos como impulso inicial, sino que el sistema de financiación, como ha ocurrido con las reformas estatutarias han entrado inicialmente en la agenda política como cosa de dos para luego convertirse en acuerdos multilaterales avalados por las cortes generales. Así lo hizo también Aznar. En base a la atribución de quiebra del principio de igualdad y de privilegio con el único objetivo de mantenerse en el poder, cuando con el gobierno Aznar al incremento de la cesión de tributos a las CCAA se le denominó corresponsabilidad y a la consolidación de la mayoría parlamentaria se le llamó gobernabilidad.

Por otra parte la reacción se multiplica con la casi ya eterna histeria del anticatalanismo, ampliada hasta el delirio frente al independentismo, que en definitiva remite a los resabios de la derecha frente a la pluralidad nacional. Esta es una oportunidad para desactivar una tendencia centrífuga destructiva que llevamos arrastrando una década. El encuentro democrático con el independentismo es tan indispensable como en el momento de la transición política.

Como si no hubiera razones para alegrarse porque al cabo de casi una década tarde, volvamos a discutir racionalmente sobre los legítimos intereses de unos y de otros sobre una materia y con una propuesta concreta y no sobre posiciones de principio irreductibles, abocadas a la división y la confrontación porque lo que importa es la conquista del poder y no las políticas de Estado.

Puestos a descalificar, tampoco se valora que el fantasma del concierto singular para Cataluña, al margen del sistema general, que ha protagonizado las posiciones de polarización del debate público desde el inicio de la legislatura, no esté en el proyecto ni se le espere.

Porque puestos a agitar fantasmas, ahora se agranda la ordinalidad hasta convertirla en una suerte de concierto por otros medios, cuando por contra el acuerdo se basa de nuevo, como en acuerdos anteriores, en una mayor aportación a las CCAA para financiar servicios esenciales como la sanidad, la educación, los servicios sociales o la justicia, en el desarrollo del criterio solidario de población ajustada, en la simplificación y transparencia de la financiación y el aumento de la participación de las CCAA en los impuestos generales del IRPF o el IVA.

Lo sí es objeto de construcción política, y Asturias debería volcarse en ella sin vetos, es el elemento novedoso para España, pero no para el modelo federal de Alemania, de una ordinalidad corregida, para que quien más aporta cuente con un suelo que garantice que reciba en torno a la media de los recursos del las CCAA. Algo que hace tiempo que se incorporó a los programas electorales de los partidos, y no solo en Cataluña.

Importante para Asturias, y que no aparece en la propuesta inicial, es un mecanismo de armonización impositiva, que impida el dumping fiscal por parte de las comunidades autónomas más desarrolladas. Tan importante como otras medidas para garantizar la igualdad, y de esto estamos hablando.

Asturias tiene que liderar la construcción de un Estado Federal,simétrico y solidario, eso pasa, necesariamente por enfrentar dos problemas: el encaje de los nacionalismos e independentismos en el sistema constitucional y por frenar una involución autoritaria que lidera Vox arrastrando la PP. La financiación del Estado tiene dos alternativas, o un modelo plural que hay que discutir, y la propuesta del gobierno no es indiscutible, o una democracia autoritaria en la que las periferias vamos a perder con total seguridad. El gobierno plural de la izquierda en Asturias no puede situarse al margen de la discusión del modelo cayendo en los argumentos de un PP que no quiere gobernar para todos y todas sino para su derecha. La financiación justa para Asturias se gana en la negociación política y en el pacto. No podemos situarnos fuera de la agenda política. Los análisis técnicos -que han de hacerse antes, durante y después del proceso de debate, han de servir para, a partir de ellos, mover la política, no para ser usados para inmovilizar en bloques que no se entiendan. Insistimos: hoy la primera batalla es contra la involución hacia una forma autoritaria de democracia y Asturias puede y debe liderarla.

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