Opinión
Carlos III y un obispo
Un profesor incansable en el diálogo y en la búsqueda del acuerdo
Maestro, alcalde, consejero, profesor…, y en todo, paisano. Una traza vital impecable, si además bajo la firma aparece el nombre de Graciano Torre, Chano. Regidor de San Martín del Rey Aurelio y responsable durante más de una década del entramado industrial, económico y laboral de Asturias. Una labor de servicio cumplida con su sello personal: inteligencia, intuición, dialogo, acuerdo, consenso, y además aderezado con su bonhomía y buen humor, no exento de firmeza.
Decía José Ramón Martín Ardines, actual regidor de San Martín, que Chano fue el mejor alcalde del concejo. Salvando el paisaje, pero no tanto el paisanaje, podría decirse (seguro que la ocurrencia le divertiría) que fue el Carlos III (tildado como el mejor alcalde de Madrid) del municipio. Habrá quien lo considere excesivo, pero no faltan argumentos. Graciano Torre, primero desde la Alcaldía y después desde el Principado, participó activamente y con una influencia fundamental en dos hitos básicos del desarrollo del concejo: el Museo de la Minería que introdujo a San Martín en el mundo del turismo y del Centro Tecnológico de El Entrego (ahora con su ampliación en marcha) que lo coloca en la senda de un futuro sin límites.
Hubo muchos más proyectos exitosos para San Martín concebidos e impulsados junto a su por entonces Vicealcalde, Ignacio Fernández, Nacho, después regidor, como lo fue también en su sucesión Enrique Fernández. Por ejemplo, el centro comercial de Alcampo, el nuevo edificio del Ayuntamiento en Sotrondio, diversas mejoras urbanísticas o el Teatro de El Entrego en el antiguo Cine Sindical de la Casa del Pueblo.
La figura de Graciano Torre se completaba con la de su inseparable Vicente Fernández, secretario personal en el Ayuntamiento y jefe de gabinete en el Principado. Una especie de Quijote y Sancho en pos del bien común, del desarrollo de Asturias y de su tierra natal a la vera del Nalón.
En estas páginas han sido abundantes los testimonios que evidenciaban su personalidad y vislumbraban algunos de sus éxitos políticos, alcanzados con su particular método de actuación. Utilizaba sus dotes de profesor para explicar y argumentar, era incansable en el diálogo, cordial y afable en la distancia corta, pero también duro si era necesario, todo con el objetivo de alcanzar un acuerdo y evitar un fracaso. En estos tiempos convulsos, perdurarán como su principal y mejor enseñanza.
En casa, con humor y cariño, le llamamos "nuestro obispo", pues tuvo la deferencia de abandonar una celebración particular para oficiar nuestro matrimonio, en el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio, una tórrida tarde de sábado de un día de San Juan.
Chano se va en un momento de la historia en el que por desgracia no priman sus valores personales y políticos, en el que se impone la fuerza y la amenaza sobre la negociación. Su ausencia nos deja un tanto huérfanos, pero con su librillo de maestro y paisano como manual para enfrentar el futuro.
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