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Valentina la maula

El absentismo y los derechos de los trabajadores

Se llama Valentina, tiene un guaje de 3 años y vive y trabaja en Gijón. A los pocos meses de llegar a Asturias decidió hacer un curso de escanciado de sidra y ahora encadena contratos en la hostelería. Durante las semanas de eclosión navideña volvieron a coincidir dos circunstancias que, desde la pandemia, aprendimos que suelen estar relacionadas: la fiebre de comidas y cenas y el apogeo de la gripe.

Valentina enfermó, claro. Como decenas de miles de asturianos. Como miles de trabajadores que, por sus circunstancias laborales, han estado más expuestos al contagio en lugares públicos como comedores, bares, autobuses u oficinas. Al dolor de la fiebre, al cansancio incapacitante en piernas, cabeza y espalda, a los inconvenientes familiares, Valentina tuvo que enfrentar además un dilema injusto: ir a trabajar enferma o acudir a su centro de salud para solicitar la baja.

Para algunos la decisión está clara; en esas condiciones y con las sidrerías abarrotadas, lo lógico, lo responsable, sería quedarse en casa. Pero ahí fuera muchas personas se encuentran cada año en una encrucijada. Si descubren que han contagiado a clientes o compañeros, malo. Si están de baja, les acusan de absentismo y se arriesgan a ser despedidos. Peor. Hasta ese siniestro callejón hemos acorralado a miles de trabajadores y trabajadoras. Al miedo a enfermar, a que te descubran enfermo, a que la fiebre o el cansancio te hagan equivocarte en tu trabajo o dañen a tus compañeros y compañeras.

Piensen en ello cada vez que lean un titular con la palabra "absentismo". Piensen en Valentina y en el terrible estigma al que han empujado a tantas personas que no se atreven a disfrutar de los derechos que se han ganado. Derechos básicos como las incapacidades temporales por enfermedad o maternidad. Que hemos logrado entre todos y que llevan décadas contribuyendo a la salud y el progreso de nuestras sociedades. Si no lo hacemos por Valentina, hagámoslo por nosotros, por nuestra propia salud y la de nuestro sistema. Que nadie vuelva a tener que leer que es un maula o un mal empleado cuando intuya su convalecencia dentro del batiburrillo de estadísticas que la patronal utiliza para engordar artificialmente el absentismo. Con el único objetivo de exprimir al trabajador y privatizar el sistema público de sanidad.

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