Opinión
Asturias debe ser más que una economía de temporada
La necesidad de defender el turismo, no idolatrarlo ni gravarlo
Asturias es una tierra privilegiada. Tenemos naturaleza, costa, montaña, patrimonio, gastronomía, historia y una forma de vivir que muchos envidian. Que el turismo crezca, que nos visiten, que se conozca nuestra tierra y que genere actividad económica es una buena noticia. Nadie en su sano juicio quiere frenar eso. Lo que sí debemos evitar es caer en la tentación de convertir el turismo en único motor económico de Asturias.
Una economía sana no se sostiene sobre un solo pilar. Cuando una región se acostumbra a vivir casi exclusivamente del turismo, se vuelve frágil. Basta una crisis sanitaria, un cambio de hábitos, una recesión internacional o una mala temporada para que miles de empleos se tambaleen. Ya lo hemos visto en otros territorios que apostaron todo a una sola carta. Asturias no puede permitirse ese riesgo. El turismo debe ser un complemento potente, no un sustituto de la industria, del sector primario, de la energía, de la logística o de la innovación. Necesitamos empleo estable, bien remunerado, que permita a nuestros jóvenes quedarse, formar una familia y construir un proyecto de vida aquí. No podemos resignarnos a que el futuro laboral de Asturias se limite a la estacionalidad y la temporalidad, nuestra economía no puede ser una economía de temporada.
En este contexto, empiezan a escucharse propuestas de imponer tasas turísticas, copiar modelos de otras comunidades o cargar al visitante con nuevos impuestos bajo el pretexto de la sostenibilidad. Es un error. Penalizar al que viene a gastar, a consumir, a llenar nuestros hoteles, nuestros restaurantes y nuestros comercios es dispararnos en el pie. Asturias no necesita poner trabas a quien elige libremente venir a conocernos. Necesita atraerlos, fidelizarlos y convertir esa actividad en riqueza real para los vecinos.
La llamada tasa turística no deja de ser otro impuesto más, otro peaje ideológico que acaba pagando tanto el visitante como el pequeño empresario local. Como hemos visto en las regiones donde se aplica, no mejora los servicios por sí misma, no soluciona los casos de masificación y no arregla los problemas de infraestructuras. Lo único que hace es engordar la recaudación, poner trabas al trabajo de los hosteleros y alimentar una Administración que ya se ha acostumbrado a hacer más difícil nuestra vida con su inoperancia.
El problema de fondo no es que venga mucha gente, sino que durante décadas no se han hecho las inversiones necesarias en carreteras, transporte, saneamiento, vivienda o planificación urbana. Pretender tapar esa mala gestión con más impuestos es injusto y profundamente irresponsable.
Asturias necesita un modelo equilibrado. Un turismo ordenado, respetuoso y de calidad, sí. Pero también una apuesta clara por recuperar industria, por defender al campo, por aprovechar nuestros recursos energéticos, por facilitar que las empresas se instalen y crezcan, por reducir trabas burocráticas y por bajar impuestos a quien crea empleo. Esa es la verdadera política sostenible.
Además, debemos proteger algo esencial, la identidad y la forma de vida de nuestros pueblos y ciudades. No podemos permitir que se conviertan en parques temáticos o en escaparates vacíos donde los vecinos no pueden vivir porque los precios se disparan o los servicios se orientan solo al visitante. El turismo debe integrarse en la vida local, no expulsarla.
Asturias no necesita copiar modelos que ya muestran síntomas de agotamiento en otras regiones. Necesita un proyecto propio, con cabeza, con sentido común y con visión de futuro. Un proyecto que no sacrifique el empleo productivo en favor de la economía de temporada. Que no convierta cada problema en una excusa para subir impuestos. Que confíe en el talento de su gente y no en la dependencia permanente del visitante. Defender el turismo no significa idolatrarlo. Significa situarlo en su justa medida. Como una pieza importante del engranaje económico, pero no como la única. Asturias tiene capacidad para mucho más. Tiene industria, tiene campo, tiene energía, tiene logística, tiene capital humano. Lo que necesita es un gobierno que crea en ello. No estamos condenados a vivir solo del turismo, estamos llamados a construir una Asturias fuerte, diversificada, próspera y con oportunidades reales para quienes quieren quedarse y levantar aquí su futuro.
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