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Gijón, ciudad para escuchar

Los retos los marcan los gijoneses, con coña y caña

En una ciudad viva y activa como Gijón, que sabe mezclar como nadie el grandonismo y el refalfiu con la entrega y la solidaridad, todo ello trufado con humor playu, conviene escuchar a sus ciudadanos, porque, salvo excentricidades contadas, que las hay, claro, suelen tener buen ojo para advertir las carencias y poner deberes en la capital marítima del Principado. Esa hoja de ruta, y de ahí la importancia del periodismo local, el periodismo pegado a la calle, se ve a diario. Los muchos gijoneses que durante el año pasean por San Lorenzo, y aquellos que se atreven a pegar caloninos en el Cantábrico durante todo el año (y eso que está la mar como para quedar como les llámpares pegades a la roca) son un buen ejemplo. Son muchos los años que el Muro lleva con furacos, prueba de ello es que algunos nadadores guardan en las rendijas sus bártulos, pero los más habituales se percataron de que los huecos tras la sucesión de temporales no eran normales. Esta vez, el agua había pegado más fuerte.

La rápida actuación del Ayuntamiento, ante el temor por la alerta roja con la que vive hoy domingo toda Asturias, les dio la razón a quienes dieron la voz de alarma a través de estas páginas ayer. En cuestión de horas, en un sábado intempestivo, se desplegó todo un arsenal de efectivos y máquinas para hormigonar la zona próxima a las duchas de la Escalerona, ya con su reloj dando las horas por fin, y así evitar riesgos con la pleamar y filtraciones al aparcamiento del Náutico. Como para soterrar el Muro, dirían los más coñones de Cimavilla.

A lo largo de la semana han sido muchos los ejemplos de buen tino a la hora de fijar la hoja de ruta cotidiana de la ciudad. En La Arena, por ejemplo, su presidenta vecinal, María José Cuervo, líder también de la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Asturias (Cavastur), hablaba del problema de vivienda desde lo que conoce. En su barrio, de los 77 pisos disponibles, 73 son inmuebles que se destina al alquiler de temporada. Y el más barato por 740 euros al mes. En La Calzada, Carlos Arias reiteraba la necesidad de adecentar los terrenos de la antigua nave de Flex para crear aparcamientos y suplir así la carencia que provocó en la zona oeste la ecomanzana. Mismo grito que repiten –se escucha prácticamente en cada barrio– los usuarios del Hospital de Cabueñes y el entorno de la Universidad Laboral, que ahora, por fin, parece que está empezando a existir de forma unánime y mundial.

Tanto con la vivienda como con el problema del aparcamiento se están dando pasos desde las administraciones públicas. Bienvenidos sean sus aciertos para que no se convierta Gijón en una ciudad invivible para los gijoneses. Pero, en cambio, choca la cerrazón que muchas veces se instala en materia de seguridad. Ocurrió con los robos, que las cámaras tardaron en llegar a la zona rural varios años después de otros muchos en los que se estuvo debatiendo que si sí o si no. Y mientras adecentaban el Muro veíamos con a los parroquianos próximos al polígono de Somonte o de la Zalia les salía un sincero "ya se veía venir" después de que un joven, al que no le exime su insensatez, arrollaba a nueve personas en una carrera ilegal en el barrio de Sotiello de la parroquia de Cenero. ¿Por qué el riesgo persiste? La Guardia Civil no puede sola y bastante intenta.

Decía el maestro Ladislao de Arriba, el añorado Ladis, en uno de sus últimos escritos de "Dando caña con coña" que en Gijón "no es que ahora haya inflación cojera, pero se ve en nuestras calles a muchas personas mayores embastonadas". Quizás a esa veteranía haya que prestarle más atención y escucharla para no caer en errores. Aunque también es cierto que faltan jóvenes que les cedan el asiento.

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