Opinión
¡Hevia Carriles al Ayuntamiento!
Una gran movilización por la democracia hace medio siglo
Lo que sigue, dando continuidad al amplio reportaje publicado en este diario el pasado 11 de enero, es un intento de contribuir a la reconstrucción de un acontecimiento social y político que fue crucial en los inicios de la transición asturiana a la democracia, la gran movilización social, culminada en tal día como hoy, 25 de enero, de 1976, que trató de llevar a la Alcaldía de Gijón, todavía en pleno franquismo, al líder vecinal Manuel Antonio Hevia Carriles.
Hevia, un prestigioso "hombre del pueblo", trabajador de Gijón Fabril, presidía la Asociación de Cabezas de Familia de la Calzada, representando a un colectivo acogido formalmente a las normas del "Movimiento" pero formado por personas comprometidas con la mejora de las condiciones de la populosa barriada gijonesa y a la vez con la exigencia de las libertades públicas. Su labor estaba arropada por movimientos de base eclesiales, sindicales y políticos, lo que ya le había valido un serio aviso del Gobierno Civil en noviembre de 1975, mediante oficio -cuya copia conservo- por haber organizado un mes antes la entidad "un festival que tuvo lugar en los locales de la misma" sin haber obtenido autorización gubernativa.
Esa especie de "disparo de advertencia" de la autoridad gubernativa no carecía de base, desde el punto de vista del régimen franquista. La Calzada era una barriada de cerca de 50.000 personas en ebullición social y sindical, con un activismo con frecuencia amparado por el influyente grupo de sacerdotes progresistas nucleado alrededor de la parroquia de Fátima. Esa agitación era el "factor de fuerza" que haría posible la movilización.
El presente texto se nutre tanto de mi propia memoria, al haber intervenido en los hechos junto a un conjunto de profesionales integrantes del grupo político Democracia Socialista Asturiana (DSA), que aportaron logística, textos, argumentos y cobertura legal, como, sobre todo, de documentos o borradores de mi archivo y de la información publicada en "Asturias Semanal", revista crucial en la transición asturiana a la democracia que en un marco de prensa diaria mediatizada por los aparatos locales del franquismo, servía de refugio activísimo al periodismo y la intelectualidad más vivos.
Bajo la dirección de los periodistas procedentes de LA NUEVA ESPAÑA Graciano García y Juan de Lillo, figuraban en la relación de colaboradores un grupo de profesionales de diversos medios que vehicularían a través del semanario informaciones que la prensa diaria del momento no ofrecía. Algunos de ellos, años después, ya en democracia, dirigirían los principales diarios regionales, como José Manuel Vaquero y Melchor F. Díaz (ambos LA NUEVA ESPAÑA y el primero, antes, "Asturias Diario Regional") o Faustino F. Álvarez y Lorenzo Cordero ("La Voz de Asturias"). En la relación de colaboradores aparece Juan Cueto Alas y figuro también yo mismo, que tenía en la revista una sección semanal de temática jurídico-política.
El contexto y la idea originaria de la movilización "Por un ayuntamiento democrático".
En los ayuntamientos españoles de esta etapa de la dictadura franquista los concejales procedían de tres fuentes, el tercio sindical (del sindicato único, "el vertical", que integraba a patronos y obreros), el tercio de "cabezas de familia" (con unas elecciones "sui géneris", en un marco no democrático) y el tercio "de entidades", con representantes de diversas corporaciones económicas y profesionales, elegidos por los otros tercios o designados por el gobernador civil. Todo el sistema era manejado por el partido único (la Falange, el Movimiento), pero ofrecía fisuras por las que algunas personas con prestigio en su ámbito y no "desafectas" públicamente podían acceder a una concejalía, tanto del tercio "sindical" (de forma un tanto alambicada), como, por elección, a través del de "cabezas de familia". Este había sido el caso del Concejal Félix Prieto Palacio, médico de bien ganado prestigio en la Calzada, al igual que su propio padre, Carlos Prieto Alvarez-Buylla. Sus antecedentes familiares de izquierda (su citado padre, su tío José Prieto Álvarez-Buylla) se compensaban con su condición de cuñado de Torcuato Fernández-Miranda, Vicepresidente del Gobierno de España hasta diciembre de 1973. Fue él quien concibió la idea de aprovechar unas simples elecciones internas a las alcaldías, con la finalidad de cubrir un periodo transitorio, para presentar un candidato popular que conocía bien -Manuel Antonio Hevia Carriles- aprovechando la posibilidad legal de que pudiera serlo un vecino empadronado en Gijón propuesto por al menos 1.000 vecinos. Esa posibilidad era solo teórica, pues el candidato habría de ser votado por todos los concejales, que a través de los filtros de los tercios se suponía que estaban alineados con el "Movimiento".
Sin embargo no todos lo estaban, como era el caso del que años después acabaría siendo primer alcalde democrático de Gijón, José Manuel Palacio, entonces concejal por el "tercio sindical", o el del propio Félix Prieto, cuya evolución personal le había llevado a colaborar discretamente con la izquierda, Partido Comunista incluido. De hecho mi relación con él venía de la reunión en casa de Daniel Palacio y Paz Fernández Felgueroso, casi tres años antes (de la que da cuenta un reportaje de Julio César Iglesias en este diario de julio de 2024) que puede considerarse origen de la Mesa Democrática de Asturias, primer organismo unitario político antifranquista.
Los objetivos y la sucesión de acciones.
Como es natural, el objetivo no era llevar a la alcaldía al candidato Hevia Carriles, algo no solo imposible sino alejado de su intención, tal como expresó con toda franqueza en sus intervenciones públicas. El objetivo, que se inscribía claramente en la lucha por las libertades democráticas en España, era aprovechar la oportunidad para denunciar la inexistencia de estas, la falta de representatividad de los ayuntamientos, los problemas reales que en los diversos ordenes, del urbanismo a la sanidad, la educación o los servicios públicos, padecía Gijón, en especial sus inmensas barriadas, y, al propio tiempo, empezar a plantear alternativas, movilizando a la opinión y ofreciendo soluciones, incluso en el plano técnico, por personas capacitadas para ello, superando el sentimiento de impotencia dominante. El planteamiento mismo de la campaña fue discutido en el seno de las asociaciones vecinales gijonesas (formalmente "de cabezas de familia"), surgiendo discrepancia entre los partidarios de aprovechar la oportunidad (personas vinculadas a Pumarín, Nuevo Gijón, La Calzada, Contrueces, Roces) y los que veían en ella una forma de colaboracionismo con el régimen, triunfando la primera.
Las acciones de la movilización "Por un Ayuntamiento democrático".
Una vez decidido mayoritariamente el planteamiento, el apoyo fue masivo, constituyendo su primer paso un requisito en principio formal, la presentación de mil firmas de apoyo, que se transformó en una primera movilización. Presumiendo que se analizaría la autenticidad de cada firma propusimos la suscripción ante notario de pliegos de firmas en los locales de las asociaciones. Hablado el tema con el notario José Antonio García Burgos, un católico progresista con un gran despacho en Corrida, atendió nuestra petición de levantar actas en los barrios ofreciendo hacerlo cobrando el mínimo como si fuera una sola acta para ahorrar gastos.
Así se fue llevando a cabo en la tarde de varias jornadas: a la hora prevista llegaba al local de una asociación el notario García Burgos, acompañado del oficial de su notaría Andrés Álvarez Costales (que años después sería concejal y portavoz del Partido Comunista de Asturias) y durante largas horas iba legitimando una por una las firmas de los suscriptores de los pliegos, que a acudían a las sedes carnet en mano, en perfecto orden y en silencio, con el colectivo de abogados de DSA (Democracia Socialista Asturiana), Minervino de la Rasilla, Fernando de Silva, Ángel Suardiaz o yo mismo, entre otros, en cada sede, preparados para cualquier incidencia.
Como todo el mundo quería firmar se recogieron 1.500 firmas, un 50 % más de las exigidas, que como ya esperábamos fueron comprobadas con lupa, al parecer durante 10 horas, pero con el rigor que aportaba el Juez al frente de la Junta Electoral, José Manuel de la Vega Torregrosa, impecable en todo el proceso. Una vez proclamado Hevia Carriles como candidato, la posibilidad legal de actos públicos se ensanchaba, teniendo lugar una sucesión de reuniones para explicar su programa, inserto en un "manifiesto" ("Por un ayuntamiento democrático, HEVIA CARRILES, alcalde al servicio del pueblo de Gijón") del que se hicieron decenas de miles de ejemplares, actos todos ellos multitudinarios -entre 600 y 800 personas en Roces o La Calzada- que supusieron una intensa campaña de varios días culminada en un gran acto en el pabellón de deportes de La Arena. Al propio tiempo se resumió en 200 palabras un texto de inserción obligatoria en el diario local. Conservo el original de uno de los pliegos para firmas, un ejemplar del Manifiesto -que tras exponer el programa terminaba proponiendo la solicitud de amnistía, el regreso se los exiliados y las libertades públicas- asi como el primer borrador, muy medido, del texto de 200 palabras, cuya primera frase publicada fue esta: "Quiero decir primeramente que no creo en estas elecciones".
Los equipos de apoyo que dieron cobertura a Hevia Carriles estaban perfectamente coordinados, siendo de justicia señalar junto a los de DSA, formados por profesionales en diversos campos, un grupo de militantes del MCA (Movimiento Comunista de Asturias), destacando dos profesores de especial prestigio y arraigo, Miguel Ramos Corrada y Xosé Bolado. En cuanto al acto en el pabellón de la Arena, se trató de que sirviera para exponer un programa municipal solvente, por lo que tras la intervención del candidato fueron ofrecidas varias ponencias, una sobre urbanismo, otra sobre enseñanza y otra más sobre sanidad, elaboradas por tres grupos de profesionales y expuestas por uno de ellos, a las que siguió un texto en asturiano preparado por Conceyu Bable, moderando todas las intervenciones el economista Francisco González Riera (Quique Riera), militante de DSA.
Tras esas intervenciones se acercó a la mesa, tomó el micrófono y pidió la palabra al público (habíamos previsto que fuera así para evitar sanciones a la candidatura) el prestigioso líder obrero Severino Arias Morillo, uno de los fundadores y Secretario General de Unión Sindical Obrera (USO), dando lectura a un comunicado conjunto de apoyo de las dos organizaciones unitarias clandestinas existentes, la Plataforma de Convergencia Democrática y la Junta Democrática de Asturias, proponiendo luego la fusión de ambas, tras lo cual Hevia Carriles cerró el acto, que había reunido a unas 3.000 personas.
La campaña culminaría dos días después, el domingo 25 de enero, con el acto de la votación en el Ayuntamiento, en el que como era previsible el candidato oficial Luis Cueto-Felgueroso Granda fue revalidado, pero sin que le sobrara un solo voto de los 2/3 de concejales exigible, pues Hevia Carriles obtuvo 6 votos de los 21 de la corporación, con una abstención, mientras en el público de la Sala se pedía la dimisión, coreada en la Plaza Mayor por unos mil manifestantes, bajo una intensa nevada que cubriría Gijón. La concentración fue finalmente disuelta por la policía, marchado muchos asistentes en manifestación por el centro de la ciudad.
La publicitación del movimiento.
En aquel tiempo (y en todos) la difusión de la noticia era tan importante, al menos, como los hechos de los que daba cuenta. El papel de los semanarios políticos era entonces crucial, supliendo o completado las limitaciones de la prensa diaria. Dos revistas destacaban, una en el ámbito regional, la ya citada "Asturias Semanal", y otra en el nacional, "Cambio16", dirigida por José Oneto. Conservo una nota (reproducida en las memorias "Lo que queda a la espalda") con los canales de salida de la noticia a medios asturianos y nacionales, puesto que, entre otras, me correspondió esa función, así como los borradores de textos preparados para facilitar las cosas, dentro del clima de fuerte complicidad, con las libertades públicas como objetivo común -pero sin tergiversar jamás los hechos mismos, al menos en mi caso- entre quienes formaban parte de la noticia y quienes informaban de ella.
Elijo el original del teletipo enviado el mismo 25 de enero de 1976 a Cambio16, con el título "Asturias se moviliza" por su corresponsal en Asturias, Melchor F. Díaz, dando cuenta primero de la gran manifestación cívica en el Paseo de los Álamos de Oviedo el sábado 17 de enero y a continuación de la campaña de la semana siguiente en pro de la candidatura de Hevia Carriles. Tras una información muy circunstanciada el texto concluye así: "En los círculos de orden de la ciudad, la candidatura de Hevia Carriles y la capacidad de movilización de las inmensas barriadas gijonesas han provocado una auténtica conmoción. A toda prisa se está reinventando una asociación de cabezas de familia del centro, de la que nadie supo durante doce años, con vistas a contrarrestar movilizaciones futuras. Varios tenientes de alcalde fueron impunemente abucheados a la salida de la casa de la villa y un hecho así no lo recuerdan los menores de cuarenta años". Y luego la despedida: "Un saludo para los muchachos de Cambio y les esperamos cualquier día de estos para tomar una fabada, democrática naturalmente".
La resaca del movimiento.
Como es natural la resaca o culatazo no tardaría en llegar, quedando sometida la actividad de la Asociación de Cabezas de Familia de La Calzada a una estricta vigilancia policial y gubernativa. Según mis antecedentes, un oficio dirigido a Manuel Antonio Hevia Carriles, firmado por el Gobernador Civil el 11 de marzo de 1976, tras constatar la celebración días antes en los locales de la entidad de una conferencia de Juan Muñiz Zapico (dirigente de los clandestinos CCOO y PCE) sobre "el sindicalismo en el futuro", acuerda la suspensión de actividades de la asociación, por incurrir en actos ilícitos contrarios al Orden Público, indicando el posible recurso de alzada ante el Ministro de la Gobernación.
Recurrido en alzada ante el citado Ministro el 18 de marzo, el 12 de mayo la Vicesecretaria General del Movimiento comunica que aquel se ha inhibido, por entender que el escrito debió haberse dirigido al Consejo Provincial del Movimiento, "sin perjuicio de la competencia propia gubernativa en lo que afecta al Orden Público" (que era, recordemos, el invocado para la suspensión).
Como es natural se trataba de una simple argucia leguleya, pues gobernador civil y jefe provincial del Movimiento -partido único- resultaban ser la misma persona, pero eran juegos habituales en aquel tiempo del tardofranquismo para simular un "Estado de derecho" mientras se imposibilitaba el ejercicio efectivo de los derechos (argucias rara vez cuestionadas luego por los Tribunales).
El último antecedente documental que conservo en mi archivo es el borrador de escrito enviado a la Asociación, y la copia sellada del presentado en el Gobierno Civil a principios de julio, en el que, dándole la vuelta a la propia argucia, se razona en derecho la caducidad de la suspensión y la plena actividad legal de la Asociación, a la vez que se comunica una Asamblea de la misma en la Iglesia de Fátima de la Parroquia de la Calzada, en aquel tiempo, como se ha dicho, punto de encuentro y foco de irradiación del compromiso social, en que oficiaba el carismático párroco José Luis Martínez, "el cura buenu".
La movilización, una de las muchas luchas sociales -aunque de especial relevancia en este caso- que desde la base ciudadana fueron empujando al país hacia la democracia (desmintiendo el relato dominante de una transición negociada en las alturas) ilustra bien un tiempo en que a las vanguardias políticas y sindicales clandestinas se van sumando colectivos encuadrados en entidades legales, grupos de profesionales progresistas (abogados, arquitectos, médicos, economistas, pequeños empresarios, periodistas), los elementos socialmente más comprometidos de la Iglesia Católica y ciudadanos cada vez más concienciados, abriendo caminos en los que la utilización de la propia legalidad del régimen para tratar de desbordarlo se convertirá en arma civil decisiva a lo largo del dilatado periodo del cambio de régimen.
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