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No al mercadeo con el campo asturiano, sí a un pacto que lo reviva

Antes de oponerse al Mercosur o de abrazar el proteccionismo, el debate debería centrarse en dar los pasos para convertir Asturias en lo que puede llegar a ser: una potencia agroalimentaria

No al mercadeo con el campo asturiano, sí a un pacto que lo reviva

No al mercadeo con el campo asturiano, sí a un pacto que lo reviva / LNE

El mundo atraviesa una etapa en la que la geopolítica condiciona la economía con una crudeza que creíamos desterrada. El comercio es global. Sus consecuencias, locales. La tractorada volvió a Oviedo la pasada semana con el Mercosur como espoleta. Pero detrás de ese malestar late algo más profundo: la sensación de abandono y hartazgo del campo, hacia el que hay que volver la vista.  

Defender el campo es compatible con ganar mercados para la industria y los servicios. Ni Asturias ni Europa entera pueden permitirse sacrificar un sector en beneficio de otros. Sin ofrecer a cada uno de ellos simultáneamente alternativas viables, el fracaso está garantizado. Pero las complicaciones del camino tampoco deben conducir a la parálisis, a rezagarse o al bloqueo. Conviene enmarcar de antemano bajo estos principios cualquier reflexión sobre el acuerdo de la UE con Sudamérica para alumbrar la mayor zona de libre comercio del planeta.

Europa tiene un problema: aprender a navegar en un mar en el que EE UU ya no actúa como garante previsible, sino como potencia que presiona y amenaza. La fuerza sustituye a la regla. La UE está obligada a buscar socios en un tablero cada vez más áspero y esta alianza que se viene negociando desde hace tres décadas encaja como un guante en la lógica de explorar otros horizontes, activar la economía, asegurar suministros estratégicos y diversificar dependencias.

Para el metal, el acero y los bienes de equipo asturianos, el nuevo marco abre oportunidades. Agranda la puerta de la exportación hacia Brasil y Argentina, amén de posibilitar vías interesantes a cultivos de calidad y emergentes. Los ganaderos, columna vertebral de los concejos rurales, se sienten amenazados. Soportan una pesada mochila –en costes, sanidad y bienestar animal, trazabilidad, sostenibilidad y burocracia– con la que no cargan quienes serán ahora competidores. Los precios de la carne y la leche son por fin altos después de años de lucha y hay temor a que las importaciones los desmoronen.

Pedagogía, no electoralismo

Llueve sobre mojado. El lobo, retrasos en los pagos, restricciones crecientes, requisitos absurdos y desdén hacia la actividad primaria acrecientan el desasosiego y desbordan la irritación. Cuarenta años después, el doloroso recuerdo del ingreso en la UE pervive en la memoria de unos agricultores que ahora se ven como víctimas de otra pinza: a la vez que se derriban fronteras, las subvenciones de la PAC sufren un hachazo.

El debate no consiste en oponerse de manera refleja a los acuerdos ni en abrazar un proteccionismo que a la larga empobrece al ciudadano. Consiste en exigir reglas justas, mecanismos de protección eficaces y una estrategia de transición sin compromisos vacíos. Los ganaderos tienen legítimos motivos para preocuparse. Urge ofrecerles garantías que no queden en papel mojado: salvaguardas, cláusulas espejo, auditorías en origen, controles de frontera. Convencerlos con hechos. Pedagogía, no electoralismo.

Cuando Europa se juega caer en la irrelevancia, echar leña al fuego acelera el deterioro. Por eso resultan difíciles de comprender los intentos de mercadear con el sentimiento de desafección. De la irresistible tentación del populismo agrario da fe la insólita alianza contra el Mercosur de los grupos en los extremos de la derecha y la izquierda.

Asturias necesita un pacto por la competitividad del campo que rescate íntegramente el medio rural y lo reviva. Para afirmar la cohesión territorial y social. Para resistir sin el dopaje de las ayudas. Y para potenciar los productos más valiosos y diferenciales. El día que asuma este reto, los ganaderos ya no albergarán temor a luchar contra gigantes y estarán en condiciones de demostrar lo mucho que la región puede dar de sí hasta convertirse en una potencia agroalimentaria.

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