Opinión | El Trasluz
Juan José Millás
Será tarde

Archivo - La Tierra / -/Korea Aerospace Research Insti / DPA - Archivo
Hubo un tiempo en el que el mundo estaba lleno sin haberlo llenado. La Tierra ya vino equipada con océanos, islas, continentes. volcanes y enormes superficies de terreno. Después, tras un largo proceso, llegaron los microbios, qué sé yo, las bacterias, los seres pluricelulares, la vegetación y, por dar un salto, la humanidad, que con el tiempo inventó la palabra “vacío” porque no soportaba la plenitud. Curioso: vamos en busca de ella, de la plenitud, que, una vez conseguida, nos proporciona una desagradable sensación de nada. Desde entonces, vivimos en guerra contra los huecos. Todo espacio desocupado debe ser rellenado, como un pavo de Navidad, aunque sea con una opinión sin fundamento. Horror vacui, lo llamaron los clásicos.
Luego, en otro salto hacia adelante, vinieron las grandes tuberías de internet, conductos transparentes u opacos, globales, infinitos, insaciables… Y alguien descubrió, con la lucidez de un visionario y la torpeza de un fontanero aficionado, que en esos tubos cabía todo. Había que alimentarlos. Surgió así una nueva especie zoológica: el proveedor de contenidos. La expresión, que ya suena a sindicato, apareció alrededor del año 2000. De pronto, millones de personas sintieron el deber cívico de rellenar los canales digitales con opiniones, tutoriales, gatos tocando el piano, reseñas de tostadoras y meditaciones profundas de ocho segundos (esto te lo arreglo en un TikTok).
Primero fueron las cañerías y después la sustancia. Como si se hubiera construido el sistema digestivo antes de inventar el alimento. Para ser proveedor de contenidos no hace falta requisito alguno: se trata de alguien que suministra cualquier cosa, mierda si es preciso, para aliviar la angustia que nos provocan los boquetes. No importa lo que se diga: lo importante es eliminar el silencio, que es una forma de agujero, y no permitir que un solo centímetro de banda ancha permanezca vacante.
La producción continúa sin descanso. Cada minuto nacen millones de palabras que no dicen nada y trillones de imágenes banales hasta el paroxismo (signifique lo que signifique paroxismo). No creamos ideas: armamos ruido para que las mangueras no se encojan como pulmones sin aire. Tal vez un día nos demos cuenta de que el contenido más valioso era precisamente el vacío que nos apresuramos a llenar. Pero será tarde: alguien ya habrá subido un vídeo explicando cómo eliminarlo.
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