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Amorosa conspiración

Con el cielo encapotado y a la espera de la anunciada borrasca, paseo con mi amigo cuadrúpedo por el parquecillo semiurbano intentando descubrir algún signo premonitorio del temporal en las aves, hoy particularmente activas. Pero nada. Siguen todas a lo suyo, y lo suyo ahora es la reproducción. Las urracas ya se han emparejado en las misteriosas y multitudinarias asambleas nupciales de días atrás y solo piensan en la casa, las parejas de cornejas graznan de árbol a árbol, alguna vuela con una ramita en el pico, los mirlos corretean, los estorninos vuelan a su aire, pues las bandadas no son para el amor, y hasta en la familia pato del riachuelo, surgida de la última nidada y muy unida hasta hace días, alguien parece haber tocado dispersión. A lo mejor me imagino cosas, pero me puso sobre aviso de que algo pasaba la aparición de capullos en forma de huso en el magnolio.

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