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Deporte y oricios

Revoltillo de errores gramaticales más una recomendación

Acabo de volver desde el invernal solecito de mi Parque del Gas gijonés al templado y dulce hogar. Regresé harto de leer cómo se va imponiendo en el lenguaje deportivo (en el chauchau deportivo hodierno, quiero decir) la perífrasis de las formas del pronominal "dejarse" más los infinitivos "empatar" o "perder". Ejemplo: un periódico me informa de que los futbolistas del Sporting de Gijón han sido derrotados porque "se dejaron remontar". "Dejarse" significa consentir, permitir, no impedir, no inquietar, perturbar ni molestar, abandonar, no proseguir una actividad... es decir, designa un proceder voluntario. ¿Es información veraz decir que los rojiblancos aceptaron con plena conciencia y acaso satisfacción el verse superados tras haber cobrado ventaja? Si fuera así, multazas al canto y rescisiones de contratos. Si no, la redacción está fatal. ¿Qué pasó con aquel tan útil "se vieron superados" o el arcaico "sucumbieron después de ir por delante"?

Bah, qué importancia tiene, dirán algunos: yo ya me entiendo. Entonces, ¿para qué hablas o escribes si no es para tu prójimo, para que te entiendan los demás? Otros ejemplos: resultaría chocante que esa joven que veo pasear por el Muro confesase a su amiga del alma que está "un poco" embarazada; o que aquel médico firmase un parte de defunción especificando que el paciente estaba "un poco" muerto. O estás embarazada o no, o estás muerto o no. Por eso me pasma que un titular de prensa rece lo siguiente: "Los equipos Fundavi despiden un año en que se celebró ascenso y medio". ¿Qué demonios será ascender y luego ascender a medias? Se asciende o no se asciende. Es que quiso decir... pues que lo hubiera dicho.

Que anda el Señor entre los pucheros, bien lo sabía Santa Teresa. Y en los campos de fútbol, al parecer. Y en los símiles guerreros. Agárrense fuerte y lean las páginas deportivas de un periódico leonés del 22 de diciembre pasado: "La Cultural y La Virgen se quedan sin pólvora". Que sí, que quiso decir lo que todos entendemos... pero que lo hubiera dicho, para que de ese modo nos evitáramos los lectores sobresaltos entre abstractas y piadosas entidades, que la cosa ya está que arde.

Me entrega mi librero favorito (todos los libreros son mis libreros favoritos; y mis libreras, favoritas) un folletín y una sonrisa. El libelito hace propaganda del Premio Tusquets de novela: "protagonizada por una mujer que participa en una cédula anticapitalista". ¡Cuánto hubiera querido un servidor pertenecer no a una célula (grupo reducido de personas que funciona de modo independiente dentro de una organización) sino a una cédula (papel o pergamino escrito o para escribir en él algo), cosa surrealista que te rilas! Y más si se trata de una "cédula" anticapitalista.

Que sí, que sé lo que quieren decir, pero sigo sin entender por qué no lo dicen, por qué embarullan, enmarañan, embrollan, desconciertan... Leo: "El paro da una alegría a la comarca de Avilés antes de las fiestas navideñas". Hombre, mujer, tengo para mí que el paro no da alegría ninguna, sino tristeza y depresión... salvo que sea uno un caradura del cobro por la cara, una garrapata social. ¿No hubiese sido lo correcto "La bajada del paro", digo yo?

Ya que me toca comida fuera de casa, repaso el libro "¿Fame? De sidrerías, restaurantes y chigres del buen comer en Oviedo". Las ilustraciones de Álvarez Cabrero subrayan esta idea de Rubén Rodríguez que reúne a 30 escritores en torno a su plato preferido (con receta inicial), en un lugar nada puesto, pero con solera. Alguien que se encomienda a Josep Pla y a Cunqueiro (bueno, también a Cela) para sentar a Monteserín, Herrero Montoto, Miguel Rojo, Javier Lasheras (con mi bocado, con "la comida del diablo": con el oriciu), Fonseca, Manolo D. Abad (mi debilidad: callos), Ordaz comiendo con un amigo invisible... Tan rico es que les perdono el odioso hígado encebollado, suplicio de mi infancia.

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