Opinión
Buscando pistas en Aragón
Unos comicios como síntoma
Para la mayoría de los españoles, las elecciones generales son las más importantes. Las elecciones autonómicas, como las municipales y las europeas, son consideradas de segundo orden. Los grandes partidos de la política nacional analizan los resultados esperando la confirmación de tendencias ya registradas en las encuestas y hallar indicios de quién podría ser el encargado de formar el próximo gobierno. En 2015, un grupo de politólogos publicó un libro sobre las elecciones en España con el título "Aragón es nuestro Ohio". Llamaban la atención así sobre el hecho de que los aragoneses vinieran desde décadas atrás haciendo un reparto de sus votos igual al que luego hicieron los españoles en las siguientes elecciones generales, del mismo modo que los votantes del estado norteamericano suelen anticipar con sorprendente coincidencia el resultado a escala federal de las presidenciales en Estados Unidos. De manera que, teniendo en cuenta estos antecedentes, lo que suceda en Aragón tiene un interés especial.
Los alineamientos electorales en España, al contrario que en algunos países vecinos, muestran una notable estabilidad. Solo se aprecian movimientos significativos de votos alrededor de Vox, a la izquierda del PSOE y en el independentismo catalán de derechas. En estos dos últimos casos, la volatilidad electoral es consecuencia de la división y la inestabilidad organizativa en las filas de ambos sectores ideológicos. Vox es el único partido con expectativa de seguir incrementando su base electoral con la afluencia masiva de nuevos votantes. Esa progresión, no obstante, parece tener un límite, al menos de momento, por debajo del 20%. Por las razones que sean, diversas, Vox aún se encuentra a cierta distancia de los resultados obtenidos por los partidos europeos más afines.
El PP sigue ganando una elección tras otra, pero no logra traducir su labor de oposición y el descontento general con la actuación del Gobierno en un pronunciamiento claro de los votantes a su favor. Sus pasos hacia el poder son cortos y no se descarta incluso la posibilidad de que pierda un pequeño número de los votos que recibió en las generales de 2023. El malestar abona el crecimiento de Vox hasta el punto de que más de una décima parte de los votantes del PP podría optar por transferirle su voto. La tensión en el pulso que libran el PP y Vox se eleva en cada nuevo enfrentamiento y condiciona la formación de los gobiernos autonómicos, que se dirime en torno a la viabilidad de un acuerdo entre los dos, única opción realista. Es oportuno recordar que las elecciones autonómicas celebradas y previstas están convocadas por el PP, en Extremadura y Aragón por la falta de apoyo de Vox.
El PSOE retrocede en cada elección, pero no se desmorona. Se mantiene gracias a la lealtad de un segmento amplio de sus votantes, que le permite todavía aspirar a una victoria electoral, aunque sus posibilidades son menguantes. Más remota queda una reelección de Pedro Sánchez, mientras los partidos a su izquierda no consigan organizarse y presentar una oferta clara a los electores. Ciertamente, el PP y el PSOE resisten su declive mejor que sus homólogos democristianos, conservadores y socialdemócratas de los principales países europeos, donde los partidos con orientación al centro, salvando a duras penas la excepción de Alemania, han sufrido la emigración masiva de sus votantes hacia nuevas fuerzas políticas que tienden a adoptar posiciones radicales o explícitamente antisistema. Entre los dos aún consiguen más de la mitad de los votos, suma que el electorado moderado no alcanza a hacer en Francia, Reino Unido o Italia.
El comportamiento electoral de los aragoneses y, por extensión, el de los españoles arroja un balance que dibuja una situación política compleja. Solo el PP y el PSOE están en condiciones de disputar la presidencia del Gobierno. Este objetivo le queda lejos a Vox, a pesar de que en cada convocatoria electoral cosecha un éxito parcial. Abascal no tiene, de momento, las expectativas que disfrutan Meloni, Le Pen o Farage. Pero el PP se ha estancado, precisamente como consecuencia de la rivalidad de Vox. El PSOE, por su parte, se ve sometido a una paradoja bien cargada de ironía. Pedro Sánchez vocifera por España y por el mundo, cual quijote, el peligro que acecha en la internacional derechista, pero Vox no deja de crecer. Da la impresión de que, en vez de combatirlo, lo alienta. Y es que una subida de Vox supone un frenazo para el PP, su único adversario en la aspiración a continuar en el gobierno. De lo que cabe concluir que Vox, declarado el mayor peligro político del país, es la gran esperanza de Pedro Sánchez para obstaculizar el camino al poder del PP. En estos términos se ventila la lucha política en España.
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