Opinión
El PSOE contiene la respiración
Las elecciones de Aragón, chequeo a Sánchez
La lectura del resultado no solo es relevante para los socialistas, también para el PP
Pedro Sánchez se somete a un análisis de sangre este domingo en Aragón. Los comicios aragoneses no deciden el pulso nacional, pero sí ofrecen buenas pistas sobre el estado del paciente. Las encuestas —y la sensación que trasladan en privado los dirigentes socialistas— anticipan un hundimiento severo del Partido Socialista Obrero Español, con la que fuera portavoz del Ejecutivo central convertida en candidata autonómica. En Aragón no se vota a Sánchez, pero se le hace un chequeo en diferido. El pinchazo de la aguja lo sufrirá Pilar Alegría; la lectura del informe que elaborará el laboratorio llevará, sin embargo, nombre y apellidos: los del presidente del Gobierno.
El PSOE contendrá la respiración a medida que se vayan contando los votos. Las elecciones en Extremadura del pasado 21 de diciembre ya encendieron algunas luces de alarma; los comicios de hoy pueden confirmar una tendencia que solo cabría certificar en las próximas citas del calendario: Castilla y León, el 15 de marzo, y Andalucía, histórico tensiómetro socialista. El desgaste de la marca Sánchez que se refleje en el reparto de escaños de Aragón será también el estetoscopio del pánico interno.
Sánchez ha dejado claro que su voluntad es agotar la legislatura, aunque las condiciones parlamentarias para hacerlo sean cada vez más frágiles. Practica una política de supervivencia inmediata: resistir hoy y ya se verá mañana. Libra como puede las batallas del momento; las de mañana, ya se verán.
Así se entiende su habilidad para colocar en el centro del debate asuntos simbólicos que polarizan la conversación pública, alteran la agenda y distraen al personal. Ha ocurrido con la regularización masiva de inmigrantes o con la ofensiva contra las grandes plataformas tecnológicas y las redes sociales. Cada vez que le flaquean los cimientos parlamentarios al Ejecutivo, Sánchez refuerza posiciones políticas que van más allá de nuestras fronteras. ¿En qué situación quedan los debates sobre corrupción o inestabilidad cuando lo relevante es presentarse como el último bastión de la democracia frente a la "internacional derechista" que encabeza Donald Trump? Estas maniobras pueden ganar tiempo, pero no cambian el diagnóstico. La analítica no varía aunque se hable de otras dolencias.
Es posible que Sánchez considere que lo que ocurra en Aragón no va con él. En ese caso, el temor comenzará a sacudir a las federaciones socialistas que deberán afrontar elecciones autonómicas en 2027 y que, por nada del mundo, querrían coincidir con unas generales. Si el PSOE toca fondo, arreciarán las llamadas a blindar el territorio y reforzar las marcas autonómicas.
Ocurrirá en Asturias. La Federación Socialista Asturiana sostiene que las encuestas aún dan a Adrián Barbón una victoria cómoda, pero queda un año largo y el efecto arrastre preocupa. Ese miedo explica algunos movimientos recientes, como la insinuación del alcalde de Siero, el socialista Ángel García "Cepi", sobre la posibilidad de formar una candidatura propia. En las charlas de sobremesa en las que se gestó tal artefacto ya estaba, desde hace tiempo, el argumento de que el edificio electoral socialista podía resentirse.
También en esa clave hay que leer la propuesta de Izquierda Unida de articular candidaturas unitarias de la izquierda en las alas. El objetivo confesado es claro: quizá no sirva para mejorar los resultados, pero sí puede frenar la caída y, en especial, elevarle a Vox el precio del escaño en ambas circunscripciones.
Desde hace meses, en distintas federaciones regionales del PSOE se manejaba el otoño como horizonte máximo aceptable para un eventual adelanto electoral nacional. Separar calendarios permitiría amortiguar el desgaste y evitar que las autonómicas se convirtieran en un plebiscito sobre Sánchez. También daría margen para que se visualizara la dificultad de articular mayorías estables entre el Partido Popular y Vox: lo es ya en el ámbito autonómico, lo sería también en el nacional.
Cabe la posibilidad de que el presidente reciba el análisis de sangre de este domingo y lo mire como si no fuera con él. Pero el nerviosismo se propagará rápido por todo el cuerpo socialista.
El chequeo de Aragón no debería interesar solo a Sánchez. Alberto Núñez Feijóo también tiene motivos para leerlo con atención. Porque las analíticas, en política como en medicina, pueden ignorarse durante un tiempo. Hacerlo demasiado implica que el diagnóstico ya no admita tratamiento.
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