Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

El reto de Europa: decidir

El momento complejo que afronta la Unión

Gonzalo Martín Fernández es presidente de Equipo Europa

Europa vive un momento complejo, de cambios. Pero no se puede dar por perdida. En los últimos meses se ha instalado una narrativa derrotista que presenta a Europa como un buque sin timón, condenado a la deriva. Pues bien, yo sostengo que tal buque no existe. Y, si existe, ese buque no es Europa.

Corremos el riesgo de convencernos de que el barco en el que navegamos carece de timón, y eso no es cierto. Y, como el timón existe, más bien convendrÍa preguntarse si estamos dispuestos a enderezarlo antes de dar la travesÍa por perdida. Porque asumir la derrota de antemano es siempre la peor de las decisiones. ¿Acaso no hay casos que demuestran que las naciones no están condenadas a un destino inmutable? Los Estados no florecen ni perecen según el ánimo de analistas, tertulianos o académicos. Su futuro depende del acierto y la diligencia de sus dirigentes, y de la tenacidad y el compromiso de sus ciudadanos. Y, por tanto, no debemos resignarnos: Europa no está perdida.

Vivimos rodeados de una marabunta de polÍticos, analistas y otros actores del espacio píblico que nos abruman con diagnósticos y descripciones. Pero de diagnósticos y descripciones no vive el hombre: vive de soluciones. Para alcanzarlas es necesario analizar la situación, sí, pero ese ejercicio ya está hecho. En el ámbito económico e industrial, los informes de Draghi y Letta fueron claros. Y, en el geopolítico, el diagnóstico también está ahí: basta con mirar de manera honesta.

Con Ucrania, Europa se puso de pie. No por comodidad, sino por necesidad: por la defensa de nuestros valores y por nuestra propia seguridad. Sacrificamos parte de nuestro bienestar económico para cortar la financiación del esfuerzo bélico ruso. Dimos marcha atrás a años de una polÍtica energética que habÍa permitido a nuestras industrias desarrollarse con energía barata. Veremos cuál es el resultado final, pero nadie podrá negar la dignidad de haber adoptado una posición necesaria con seriedad.

La revitalización económica e industrial y la emancipación en Defensa serán, inevitablemente, procesos más lentos, pero deben comenzar aunque incomoden. La primera lo ha hecho con un ejercicio de desregulación en ámbitos donde distintos sectores lo venÍan reclamando como condición de supervivencia. Y, en el segundo caso, tendrá que suceder algo similar. Aquí quizá no se trate solo de valores, pero sÍ de un ejercicio imprescindible de realismo que garantice nuestra soberanía; y, con ella, nuestra supervivencia. Podemos asumir la necesidad de ese ejercicio ahora o podemos esperar a que la situación nos arrolle en un futuro de peores condiciones: no habrá autonomÍa sin soberanÍa efectiva; y sin autonomÍa no tendremos capacidad para defender nuestros intereses y valores. Solo nos quedará la subordinación.

Lo ha dicho Mark Carney, primer ministro de Canadá: ‹La nostalgia no es una estrategia›. Tenemos que mirar al futuro. Y debemos estar preparados para hacerlo, incluso si eso implica pausar otras agendas, reorientar decisiones o arrimar el hombro con aquellos que asuman sacrificios para que acuerdos como el de Mercosur salgan adelante. Porque, en este momento, acometer este tipo de decisiones no es opcional: es absolutamente vital.

Y precisamente porque Europa no está derrotada, este es un momento decisivo. No vivimos una crisis de diagnóstico, sino de voluntad. El timón existe; la cuestión es si estamos dispuestos a utilizarlo. Es a nosotros, a los ciudadanos y a los dirigentes de este conjunto de potencias intermedias, a los que nos ha llegado el momento de decidir si el futuro nos aguarda el lugar de los aliados o el de los vasallos; el de la potencia o el de los rezagados. Europa tiene hoy, quizá, la última oportunidad para demostrarle al mundo de lo que es capaz. La historia nos juzgará; y lo hará por nuestras decisiones, no por nuestras intenciones.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents