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Opinión

José Ramón Fernández González, maestro y amigo

En memoria del catedrático de Románicas

El lunes por la noche recibí un mensaje de mi compañero, José María Fernández Cardo, catedrático emérito de la Universidad de Oviedo. En ese mensaje me comunicaba la muerte y posterior funeral de nuestro gran maestro y amigo común José Ramón, catedrático inolvidable de Filología Románica. No me había enterado. Disfrutar de la jubilación con excelente salud (a Dios gracias) te permite cursar asignaturas pendientes y practicar "hobbys" imposibles de realizar en el período laboral; esto tiene sus "pros" y sus "contras" al no estar al día de las actividades de tu antigua empresa, aunque el "alma mater" te envíe diariamente el DUO (Diario de la Universidad de Oviedo), lo que es de agradecer; no es una literatura seductora y, como consecuencia, vives un poco al margen de las múltiples actividades y sucesos vinculados a su labor cotidiana.

De ahí que no me hubiera enterado de la muerte de este extraordinario profesor y entrañable amigo. Primero fui discípulo de él en dos asignaturas, Filología Románica y Provenzal, pues pretendía hacer las dos subsecciones de Hispánicas y Francés en que se dividía la entonces licenciatura en Filología Románica. Así concluí la primera etapa como alumno. Aunque tuve posibilidades de marcharme de lector de Español a Francia, me incliné por la Filología Hispánica, bajo el magisterio de José Miguel Caso González. A partir de ese momento quien subscribe era ya compañero, entre otros muchos maestros, del profesor José Ramón.

Muy pronto surge una empatía entre los dos. Ambos habíamos hecho estudios de humanidades (en mi caso de Filosofía y Teología también), él en el Seminario de Astorga y yo en el Seminario Metropolitano de Oviedo, institución a la que nunca podré devolver lo mucho que me dio. Por lo menos quede este testimonio de inmensa gratitud a la infraestructura y a un claustro de profesores excepcional. Será siempre mi segunda casa.

Mi relación con el profesor José Ramón se intensificará cuando él accede al decanato de la Facultad. Durante los ocho años de sus dos legislaturas él me nombró vicedecano de Investigación. Siempre, siempre confió en mí para esa parcela universitaria. Fueron momentos convulsos. Él dedicó enteramente aquellos años a solventar todos los problemas que surgían: cambio de sede (de la plaza de Feijoo al campus del Milán), incluir y estructurar la Lengua asturiana en enseñanza reglada y otros problemas. Sábados y domingos su estancia era el despacho que, como decano, tenía en El Milán. En broma le llamaba el "oso Yogui"

Por último quiero decir que el profesor José Ramón forma parte de aquella época que calificaría de "aurea" de la Facultad de Filosofía y Letras. Muchos de aquellos maestros ya están, como él, en la otra orilla. Otros siguen afortunadamente entre nosotros y ojalá sigan muchos años más como testimonio de aquel gran momento en el que la "Universidad Literaria de Oviedo" fue referente no solo en España sino en todo el mundo hispánico. Querido maestro y amigo, José Ramón, hasta pronto.

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