Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Obvio, señor González

Más de unos cuantos han reaccionado como si acabaran de descubrir a Felipe González, que ha vuelto a hacer de Felipe González. El martes, a preguntas de un ateneísta, dijo que votará en blanco antes que hacerlo por Pedro Sánchez, dejando claro que tampoco lo haría por otro partido. Natural. No iba a mantener lo contrario tras años criticando su gestión y, en los últimos tiempos, subrayando el pecado original del PSOE actual: la ausencia de autocrítica tras batacazos como el de Aragón. Lo raro sería que, de repente, se pusiera a aplaudir.

Pero lo interesante no es tanto el titular –carne de tertulia– como algunas frases que condensan una mirada política de viejo oficiante. "Cuando uno lleva dos años en el Gobierno empieza a ser heredero de sí mismo", dijo. Es una idea sencilla y devastadora; pasado un tiempo, ya no se puede gobernar culpando a los anteriores. Se gobierna sobre lo propio y las promesas hechas, lo que se hizo y lo que no. Ahí acaba la coartada. Parafraseando, dejó otra reflexión aún más incisiva: "Gobernar es admitir el estado de ánimo de la gente". No solo gestionar cifras o boletines oficiales, sino entender qué sienten los ciudadanos, qué temen, qué esperan o les irrita. Y eso es precisamente lo que este Gobierno no hace, encerrado en un discurso autosuficiente que confunde resistencia con acierto.

También ha sorprendido a algunos asegurando que él no pactaría con Vox, pero mucho menos con Bildu. Sorprenderse de eso resulta asombroso. Vox, que se sepa, no ha matado a nadie; ETA sí. Y muchos de sus herederos políticos, algunos con pasado en la banda, no solo acumulan delitos gravísimos, sino que ni siquiera han pedido perdón por décadas de bombas y tiros en la nuca. Que aún haya que explicar lo obvio dice bastante más del clima moral de la política española que de González. n

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents