Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Aragón, ensayo general del naufragio

El resultado electoral aragonés anuncia a las claras lo que viene

De ser cierto que Aragón es nuestro Ohio, el voto baturro ejerce de spoiler electoral del futuro inmediato. Lo que allí ocurre no decide España, pero la delata. Y lo que delatan las urnas aragonesas es un panorama en el que nadie gana sin perder algo. Si bien algunos pierden con entusiasmo suicida.

Al PSOE le espera una travesía de un desierto con más guijarros que el Gobi. Cada comicio funciona como un simulacro de derrota asumida. Sánchez no compite: sacrifica barones, administra daños y convierte al partido en un trampantojo para disfrazar de resistencia su proyecto personal. El PSOE ya no aspira a gobernar territorios, sino a conservar un suelo emocional desde el que denunciar conspiraciones cuando pierda.

El PP gana, pero con la expresión dolorosa de quien cobra una herencia en Asturias. Vence sin despegar y colecciona victorias que obligan a pactar con quien detesta. Feijóo avanza como un opositor de notarías al que los exámenes se le atragantan. Se le está quedando cara de mal candidato.

Vox es el único que ríe, a carcajadas. Capitaliza el enfado ajeno y se alimenta del relato que Sánchez diseñó para asustar votantes. A este paso dejará de ser compañero incómodo para convertirse en socio imprescindible. Y sin abrir la boca, no vaya a ser que se les escape un disparate.

Aragón escribió el epitafio de Podemos: del asalto a los cielos, al extravío en las calderas de Pedro Botero. RIP (Revolución Inmadura Patética).

Las autonómicas que se aproximan no cambiarán la partitura; solo subirán el volumen. Y el país seguirá atrapado entre Frankenstein y Godzilla, discutiendo quién provocó más destrozos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents