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Cargarle el muerto a Lambán

La última barrabasada de un ministro de Sánchez para justificar la derrota en Aragón

La última pirueta retórica del circo al que le lloran los payasos la ha protagonizado el ministro Óscar López, quien confirma que, en el sanchismo, la autocrítica se ha convertido en una reliquia incómoda. Tras el batacazo electoral en Aragón, el tipo ha optado por la coartada más infame: cargar el muerto —literalmente— sobre la memoria de Javier Lambán, ya fallecido. Un gesto oportunista que se adereza con generosa dosis de mala baba y una alarmante falta de pudor político.

En lugar de examinar errores y analizar las causas de la desconexión creciente con una parte del electorado, el relato oficial prefiere señalar a quien ya no puede defenderse. Es la versión 3.0 del “la culpa es de otro”, con el añadido abyecto del uso necrológico. Cualquier gesto despreciable cabe en esta gandaya con tal de mantener en pie los palos del sombrajo.

Lo más grave no es la indecencia del gesto, sino su torpeza estratégica. Cada vez que el Gobierno rehúye reconocer fallos y abraza la soberbia, alimenta el caldo de cultivo del voto de protesta. Y ahí aparece Vox, y no por virtud propia, engordando al calor del desencanto que otros fabrican a conciencia.

Culpar a un muerto no corrige una derrota ni reconecta con los votantes. Solo retrata a una clase política dispuesta a cualquier disparate con tal de seguir mandando, incluso a profanar la memoria de los suyos. La estulticia, cuando se ejerce desde el poder, deja de ser un vicio privado para convertirse en un problema público. Si llegan a este extremo, de qué no serán aún capaces.

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