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Opinión

Felipe González

He mostrado siempre mis discrepancias con Felipe González, en especial con algunas de sus políticas, como la autonómica, la industrial y la sindical. Tampoco me gusta nada que ahora, fuera de las responsabilidades públicas, intente tutelar la de quienes las tienen. Pero el PSOE, partido al que pese a todo proporcionó los mejores días en la historia desde su refundación –en buena parte por él– hace medio siglo, debería ser capaz de tolerar, con paciencia, resignación e incluso respeto sus salidas de tono. No solo se juega en ello la capacidad para la tolerancia, interna y externa, sino para integrar de modo confortable en su propia historia a las grandes figuras que la protagonizaron. Sería empobrecedor e injusto (y estultamente inútil) que intentara deshojar de ella a quien, con errores inevitables o evitables, fue el más grande estadista democrático español del siglo XX.

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