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Una pérdida de tiempo que Asturias ya no puede permitirse

Los principales planes se atascan porque lo urgente se discute hasta el agotamiento, las decisiones importantes hibernan y cualquier apuesta diferencial nace entre trincheras

Una recreación visual de la acumulación de expedientes sobre grandes proyectos que no se resuelven en Asturias

Una recreación visual de la acumulación de expedientes sobre grandes proyectos que no se resuelven en Asturias / LNE

No es cuestión de autoflagelarse por ese complejo tan asturiano que nos empuja a infravalorar lo propio, pero sí de tomar conciencia de lo que sucede para intentar remediarlo. Asturias arrastra una dolencia cuyos síntomas, lejos de remitir, parecen empeorar: la incapacidad de alinearse con rapidez y sentido práctico en torno a proyectos verdaderamente transformadores.

Desesperado por la lentitud y minuciosidad de la maquinaria burocrática y por el limbo administrativo en que vegetan las iniciativas, un exconsejero autonómico mostraba su impotencia con ironía al reclamar una unidad temporal específica para medir el deambular de los proyectos en Asturias. Sacar cualquiera adelante exige ímprobos esfuerzos y una paciencia desmedida. Si la mitad de la energía consumida en esta carrera de obstáculos se emplease en empujar ideas valiosas, otro gallo nos cantaría.

La región parece encadenada a un bucle infinito donde lo urgente se discute hasta el agotamiento, las decisiones importantes hibernan y cualquier apuesta diferencial nace entre trincheras. El resultado: un territorio aletargado que en la época de la instantaneidad emite en diferido, atascado en el callejón de las disputas y los enredos. Un fallo multiorgánico de rasgos estructurales.

Estas semanas retornaron a la actualidad planes fosilizados. La recuperación de los terrenos del viejo HUCA en Oviedo es un disparate, por expresarlo con delicadeza. Un traslado hospitalario del que se habla desde 1989 se ejecutó sin medir el vacío que dejaba atrás. En la antigua Fábrica de Gas, también en la capital, operación llamada a impulsar la rehabilitación del Antiguo, el inmovilismo acaba protegiendo la parálisis.

Compartir objetivos y remar juntos

La Zalia de Gijón, concebida hace dos décadas como pilar logístico, sigue siendo una incógnita pese a cerrar la primera venta de terrenos. Avilés mira a Baterías como su última baza para culminar la transición industrial. Su esperanza acaba judicializada en medio de sospechas y ambiciones contrapuestas. Y, en fin, la térmica de La Pereda, en Mieres, da un paso adelante y tres atrás, víctima del fuego cruzado.

En un mundo que compite ferozmente por atraer inversiones y talento, perder lustros en discusiones bizantinas no es un rasgo pintoresco, sino un lastre. El tiempo, ese bien escaso, se administra aquí como si fuera infinito y Asturias empieza a sumar en demora y controversia una factura que pagan los que arriesgan su dinero, los que emprenden, los que esperan un empleo y los que desean quedarse. Encima, en vez de volcarse en impulsar las reformas que corrijan esta disfunción, los políticos siguen a lo suyo. La deriva identitaria y asturianista de los socialistas, eludiendo la autocrítica, o la guerra de desgaste interminable a propósito de la eventual formación de un nuevo partido constituyen maniobras de distracción. El margen se estrecha, el Principado ya no puede permitirse este precio.

Falta liderazgo para fortalecer un sentimiento de comunidad no solo emocional y trasladar a los asturianos la importancia de compartir objetivos por los que remar al unísono cuando la ocasión lo requiere. El espejo al que mirarse está en el País Vasco. Los rescoldos de una dramática fractura social no impiden a sus élites unirse sin fisuras a la hora de plasmar los sueños más ambiciosos, del Guggenheim a la ría de Bilbao.

Aquí no sobran los debates, sino clarificar las prioridades en un ejercicio elemental de pragmatismo: si se puede, se puede; si no, a pasar página y cambiar el foco. Cuando los gestores de los asuntos públicos olvidan el concepto de utilidad, y da igual que algo salga adelante o se pudra, traicionan a los ciudadanos, ciegan su futuro y alientan la polarización. Entierran las mejores oportunidades y dañan irresponsablemente la democracia.

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