Opinión

Claustral de la Universidad de Oviedo
El buen apetito universitario
Oviedo es una ciudad que, día tras día, aumenta su número de visitantes. Caminamos en dirección a la capitalidad europea de la Cultura en 2031 y toda proyección social que muestre la sensibilidad e inquietud hacia cualesquiera de las áreas del conocimiento debe ser objeto de aplauso.
Llegan ciudadanos de todas partes del mundo y se suman a los ovetenses en su paseo por las calles de la ciudad. Una de ellas es la de San Francisco, en la que destaca su vecina más ilustre: la Universidad de Oviedo, cuyo edificio histórico se suma al antiguo Colegio de Niñas Huérfanas Recoletas y actual sede rectoral.
Caminan, locales y visitantes, y llegan a la puerta de la casa que fundó Valdés Salas; se asoman y lo ven ahí, sobre una peana, sentado en su sillón del patio central. Las personas que nos visitan se sorprenden ante una imagen complementaria, que empieza a ser habitual y que adorna el claustro: la presencia de mesas, bien puestas, con sus manteles y todo aquello que es propio de un "vino español", pincheo o como gusten llamarlo.
El Claustro parece emular la terraza de un parador en momentos de aperitivo o desayuno con animada concurrencia de personas en distendido ambiente degustando aperitivos, saboreando caldos tintos y blancos y/o deliciosos cafés.
El visitante o, sencillamente, quien pasa por delante de la puerta y mira al fondo ve a varias personas en su disfrute social. El visitante o sencillamente quien pasa por delante de la puerta no sabe el porqué de esa cita digestiva, lo interpreta a partir de aquello en que se fija o llama la atención. Y lo que ve es gente gozando de un servicio de "vino español". Y no es un día ni dos ni tres… son muchas veces.
Tan importante como "ser" es "parecer". Y en nuestra Universidad de Oviedo, los ciudadanos que nos visitan o se cruzan al paso ven lo que "parece" y si lo que "parece" no tiene, para ellos, razón de "ser" distinta a lo que "parece", entonces "ser y parecer" son lo mismo.
Y esta imagen de buen apetito la aprueba y promociona alguien, ¿quién será? Y el ciudadano dice "pues será el que manda en la Universidad". ¿Contribuye eso a la difusión de la cultura científica y la innovación? Porque a lo mejor el ciudadano observador también dice "es que en la Universidad parece que no hacen otra cosa que tomar cafés, vinos y canapés".
Yo trabajo en un edificio universitario que hace conjunto con el histórico, la sede rectoral y el Palacio de Quirós, así que atravieso todos los días el claustro y saludo a Valdés Salas. Veo asombrado los familiares pincheos y creo saber su motivo, pero puede ser o puede no ser, así que lo aconsejable es que la autoridad universitaria competente, al leer este artículo, salga a replicar y explicarnos a todos y todas el fundamento universitario de esos "vinos españoles" en la fundación valdesana y su repercusión para la cultura científica y tecnológica.
Y de paso que despliega información, seguro que contundente, al respecto puede también comentar (en el mismo espacio o en otro distinto) otra realidad invisible. Y es que, frente a tan "buen apetito" satisfecho, hay otro caracterizado por falta de "nutrientes" que afecta a muchos empleados y empleadas de la Universidad de casi todas las categorías. Una carencia que se traduce en falta de puestos de trabajo, en plantillas mal organizadas que obligan a que muchos tengan que duplicar o triplicar su actividad, haciendo, además, tareas de superior y muy superior categoría. Y tiene que decir a los ciudadanos y ciudadanas que no, que no son empleados universitarios los que están en los "vinos españoles".
Los empleados públicos universitarios están trabajando. Y no alzan la voz pidiendo privilegios de ninguna clase. Solo quieren, queremos, dignidad profesional; solo queremos que se distribuyan de forma equitativa y justa los recursos disponibles y que no se nos confunda. Tenemos apetito, apetito de dignidad profesional en el sentido más amplio de la expresión.
A lo mejor quien debería, muy especialmente, atender esta sensibilidad hace como el del chiste. Se encontraron dos conocidos en una urbe. Uno de ellos era pobre y llegó desde la aldea, de visita. El de la ciudad, rico y presumido, le preguntó: "¿Qué tal por la aldea?" Y el visitante dijo: "mucha hambre, mucha hambre". A esas palabras respondió el de la ciudad: "Eso está muy bien. Así debe ser, que haya buen apetito".
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