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Opinión | En corto y por derecho

Causa y efecto

Tales de Mileto, filósofo griego del siglo VI antes de Cristo, fue uno de los primeros sabios en teorizar sobre la causalidad, esto es, la relación entre causa y efecto. Después llegaron muchos pensadores, desde los presocráticos hasta los contemporáneos, pasando por los medievales, que también se devanaron los sesos tratando de desentrañar por qué suceden las cosas que suceden.

El bueno de Tales, así como Aristóteles, Santo Tomás de Aquino o Kant, tendrían una excelente materia de estudio en las actuaciones políticas del presidente asturiano, Adrián Barbón. El último ejemplo, adelantado ayer por LA NUEVA ESPAÑA, ha sido la decisión del Principado de acelerar el desembarco en Siero del hipermercado estadounidense Costco. Un buen filósofo se pondría a analizar las circunstancias de este hecho (antecedentes, participantes…) e inevitablemente podría preguntarse: ¿ha tenido algo que ver en la decisión de Barbón la reciente amenaza del alcalde socialista de Siero de crear una candidatura propia para las elecciones autonómicas si no se daba un meneo a la tramitación del hipermercado? ¿Ha habido aquí causa y efecto?

Los sabios quizá desearían analizar otros recientes episodios de presunta causalidad. Tal vez el de aquella trabajadora del HUCA que lanzó un mensaje en la red social X, con mención explícita a Barbón, para quejarse del retraso en su revisión del cáncer de mama que padece. El presidente le respondió directamente en dicha red, pidiéndole sus datos, y al cabo de unos días la mujer publicó que su reclamación había sido satisfecha. De nuevo, hubo una causa y una consecuencia.

Los filósofos también encontrarían interesante lo sucedido el pasado 28 mayo cuando, al día siguiente de la masiva huelga de profesores de la enseñanza pública asturiana, Barbón anunció en la Junta la reintroducción de la jornada reducida en los colegios, cuya eliminación había detonado las protestas. La causalidad volvió a operar, aunque en esta ocasión con escaso fruto: la medida no amansó las manifestaciones.

Tras estudiar estos casos, los filósofos podrían concluir: ¿es el jefe del Gobierno asturiano un hombre sensible a las causas y presto a hacer realidad sus efectos? ¿O es todo más sencillo y no existe vínculo alguno entre el estallido de una polémica y una decisión tajante que trata de eliminarla?

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