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"El misterio místico del Gobierno de Barbón": el análisis de la crisis PSOE-IU, por Vicente Montes

El Ejecutivo de coalición trata de aferrarse a la idea del "Uno" mientras la discrepancia escala y la paciencia interna se desgasta

Adrián Barbón y Ovidio Zapico, firmando el pacto de gobierno entre PSOE e IU-Convocatoria por Asturias.

Adrián Barbón y Ovidio Zapico, firmando el pacto de gobierno entre PSOE e IU-Convocatoria por Asturias.

Guillermo Pelaez, portavoz del Principado y a la sazón consejero de Hacienda, ha impartido doctrina en la teología de andar por casa del Ejecutivo de Barbón para definir la metafísica de lo que debe ser la alianza en el Gobierno. Nadie mejor que quien gobierna algo tan terrenal como el dinero para hablar de lo místico: “El Gobierno es único, pero está sustentado por dos fuerzas políticas distintas; y es normal que haya discrepancias entre dos fuerzas políticas que son distintas, porque si no serían la misma. Es consustancial a la política”, ha dicho el consejero-portavoz

El debate entre el Uno y la Multiplicidad ya arranca de muy antiguo: desde el neoplatonismo lleva dando vueltas la pregunta de cómo lo Uno se desborda en lo múltiple sin perderse a sí mismo. Peláez ha sentenciado el “uno y dúo” del catecismo moderno de la alianza de la izquierda, en el que la diversidad es consustancial, lo que viene a convertir la bronca en dogma.

En el catecismo serio, la Santísima Trinidad no es un mero “tres que se ponen de acuerdo”. Lo que sucede es que persiste una única sustancia (un solo Dios) en tres personas distintas. ¿Cómo conviven sin estallar? Con tres ideas clave.

La primera es la perijóresis: una interpenetración sin confusión; las personas divinas no se mezclan, pero habitan mutuamente. En coalición, se supone que el PSOE e IU conviven y se condicionan; si no, no habría gobierno compartido, sino solo dos monólogos con presupuesto compartido.

La segunda es la circuminsessio (o inhabitación): una unidad estable en el orden del ser. Aplicado a la política y en cristiano: hay un marco común, llámese programa, Consejo de Gobierno o incluso acuerdo en las discrepancias, que no se puede estar reabriéndose cada semana, sumergiendo al Ejecutivo en un concilio permanente.

Y luego está la communio personarum: una dinámica de comunión, no de vigilancia, de mutuo amor y devoción. Ahí nos falla la cosa, porque el pacto de gobierno no es un sacramento reversible, que se convierte en matrimonio por la mañana y en vida separada por la tarde.

En el PSOE, la paciencia se agota, aunque Dios Padre en ocasiones mire al socio de gobierno empleando aquella frase de Dios Hijo: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Entre tanto, IU, que no quiere romper, a veces actúa como si su misión fuese demostrar cada día que sigue siendo ella misma.

En resumen, que un Ejecutivo de dos no es un misterio ante el que caer genuflexo, sino una voluntad sostenida. Si siempre está sujeto a examen de conciencia y a la pureza, acaba en cisma. Si se aplica a la perijóresis, bien entendida, sale un Gobierno. En caso contrario lo que abundan son las homilías. Y si el esfuerzo se destina a demasiadas homilías se gobierna poco.

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