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La Agencia de la Salud cotiza a la baja

El frenazo a la ilusión ovetense de contar un órgano de la lucha contra las pandemias

En un hipotético mercado de valores ovetense, la Agencia Estatal de la Salud Pública cotizaría a la baja. Las acciones estarían desplomadas después del último giro de timón del Gobierno central. El órgano pensado para luchar, prevenir e investigar contra las pandemias, una oficina con 300 funcionarios, está más lejos de Asturias porque, como tantas otras, la promesa de descentralizarla amenaza con quedarse en nada, como poco, con irse al limbo de los asuntos pendientes.

La ministra de Sanidad, Mónica García, en una huida hacia adelante, decidió que la agencia eche a andar en Madrid. Se supo el día previsto para conocer la ciudad que tendría el premio gordo. Además de Oviedo, aspiran León, Zaragoza, Lugo, Granada, Toledo, Murcia y Barcelona. Pero no hubo anuncio y sí jarro de agua fría. El punto excéntrico lo pone que la decisión queda aplazada hasta agosto, en plena canícula de persianas bajadas y playas llenas.

Difícilmente esa decisión veraniega, si es que llega, implicará una puesta en marcha en el corto plazo. Para entonces, la oficina llevará varios meses en marcha en Madrid. ¿Alguien cree que un gobierno va a trasladar a 300 funcionarios, muchos de ellos científicos, a Granada, Murcia, Oviedo o Toledo, al poco de situarlos en Madrid?

Mónica García se desmarca del ruido de la ubicación y dice que lo importante es que empiece a funcionar. En la retahíla de justificaciones, el Ministerio señala que las candidatas no tenían listas las sedes, que las obras serían prolongadas. Oviedo propone una de las plantas vacías del Calatrava. En ese mismo lugar empezará en septiembre la Universidad Alfonso X tras unos pocos meses de trabajos.

El frenazo a la Agencia de la Salud genera ocho decepciones, una por aspirante, pero pocos enfados. Con elecciones a la vuelta de la esquina en Andalucía y Castilla y Léon, el Gobierno de Sánchez no se arriesga a levantar ampollas donde cada puñado de votos cuenta. En otra época de bonanza socialista, el asunto podría haber sido menor; ahora, esos puñados deciden elecciones. De ahí la patada hacia adelante ministerial, con agosto como refugio. Después tendrán unos cuantos meses de margen hasta el resto de autonómicas de 2027.

En Asturias, el entusiasmo para lograr la Agencia de la Salud no ha sido precisamente desbordante. Si al Gobierno regional hay que reconocerle la determinación para lanzar la candidatura, el presidente, Adrián Barbón, dribla el liderazgo del proyecto y deja el peso en la consejería de Sanidad. El mensaje es de apoyo e interés, no podía ser de otra forma, pero cierta indiferencia se refleja desde las instituciones. De vez en cuando, el alcalde de Oviedo aprieta para espolear a su amigo Barbón, sin éxito aparente.

Quizá —y solo quizá— el Ejecutivo autonómico considera que ya ha puesto suficiente sobre la mesa con La Vega o con la papeleta de sacar adelante el viejo HUCA. Tal vez vean la Agencia como un rédito excesivo para Oviedo, o puede ser que la sientan como un pez demasiado gordo por el que pelear. No parece una prioridad para dar la batalla. De remate, la aparición de Barcelona entre las aspirantes levantó recelo, por aquello de las presiones catalanas y en la ecuación entró un rival poderoso.

La realidad es que la agencia se aleja y el escenario no es el más favorable para Oviedo.

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