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Opinión

La financiación pirotécnica

Los números tramposos del reparto por comunidades autónomas

Si la financiación autonómica fuera el parque de atracciones del sanchismo, un recinto de trampantojos donde se practica el ilusionismo, la propuesta del Gobierno sería como subir a la montaña rusa más empinada sin cinturón de seguridad: todos suben, todos gritan, y nadie sabe cuándo volverá a pisar el suelo.

El Gobierno promete 20.975 millones anuales, sin explicar de dónde salen ni cómo se pagan, bajo la consigna tramposa de que “nadie pierde, todos ganan”. He ahí el truco de prestidigitación: quien paga es el contribuyente, que sostiene la atracción. Ustedes son la banca invisible del casino territorial.

La reforma arranca con giros llamativos: aumento sustancial para Cataluña, una región que pese al discurso victimista no está infrafinanciada. Tal como certifican los números, su problema es que gasta a manos llenas. A partir de ese detalle, quienes contuvieron el gasto reciben como premio ser paganos de los desmanes de los manirrotos.

Para cuadrar semejante millonada solo hay dos opciones: subir impuestos o recortar pensiones. Como tocar la soldada de los pensionistas sería políticamente suicida, toca subir el IVA hasta que hasta el pan parezca caviar, y luego actualizar las pensiones para compensar la pérdida de poder adquisitivo, creando un ciclo infinito de gasto y recaudación que convierte a Hacienda en un giroscopio sin control.

 La nueva financiación autonómica es, en suma, un espectáculo pirotécnico que hace estallar en el limbo millones de euros que se multiplican como conejos de feria en una chistera sin fondo.

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