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Si no nace ni germina, es que sale de una mina

Los avances científicos y tecnológicos frente a las normativas restrictivas en los países occidentales

En uno de los excelentes podcasts de la Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo, el presentador y decano del centro, Carlos López, entrevista a la geóloga Teresa Bros directora técnica de la empresa de consultoría geológica ConGeo. En un momento determinado ella cita la frase que da título a este artículo atribuyéndosela a una ingeniera de minas andaluza, colega y amiga suya.

En un contexto de fanatismo medioambiental europeo como el actual, conviene reflexionar sobre la pertinencia de dicha frase tan bien ajustada a los hechos. Resulta curioso que en estos tiempos tecnológicos en donde casi nadie quiere renunciar a las ventajas que aportan esos pequeños "aparatitos" que todos traemos con nosotros, denominados aquí "móviles" y en otras latitudes "celulares", la consigna social más extendida sea la protección del medio ambiente a toda costa.

Nada hay que objetar al respecto, es muy digno y loable ser respetuoso con el medio en el cual, al fin y al cabo, vivimos. Pero no es menos cierto lo que se desprende de la frase de esta joven ingeniera andaluza (me la imagino diciéndolo con ese gracejo especial que los andaluces tienen). Es que todo, absolutamente todo lo que nos rodea, que no ha sido reproducido biológicamente: nacer en animales y germinar en plantas, es fruto de la extracción de materiales de nuestro suelo y subsuelo.

Si estás en una ciudad mira a tu alrededor, los edificios y los coches de qué materiales están hechos, ¿de dónde han salido? Si estás en tu casa mira a tu alrededor y pregúntate, ¿de dónde salió la lavadora, el frigorífico, la televisión, la cerámica, los espejos, etcétera? Pero también muchas prendas de vestir y parte de los productos de tu cotidiana belleza.

No es que vivamos en una sociedad hipócrita, no es eso, es que lo hacemos en una sociedad ignorante. La ignorancia de la historia, de la ciencia y de la tecnología que cada vez se acelera más en parte gracias a las empobrecidas leyes educativas.

Decía Gustavo Bueno y hoy coincide Pérez-Reverte, que el principal problema de España es la estupidez. Estupidez basada en políticas erráticas y en fidelidades de votantes crédulos, en manifestaciones de ciudadanos cabreados porque les van a poner cuatro metros más acá o allá un parque de baterías o una línea de aerogeneradores; además de las protestas de aquellos que viven de las subvenciones públicas para defender un ecologismo confuso cuando no fanático.

España, instalada en el radicalismo ecologista, políticamente hablando, es quizás uno de los países más ricos en tierras raras y minerales críticos de la Unión Europea (eleconomista.es). Respecto de las "tierras raras" cuenta con varios yacimientos, el más estudiado de los cuales es el yacimiento de Matamulas en Ciudad Real que, según El Economista, "podría albergar el 25 % de las reservas de tierras raras que Europa necesitará para la próxima década". La población, engañada o autoengañada siguiendo sus consignas climáticas, se manifiestan contra todo lo que tenga que ver con la minería y la tecnología, o con el almacenamiento o generación de energía. Recuerdan a aquellos que en el pasado se enfrentaron a la máquina de vapor o a cuantos "inventos" hicieron avanzar a la humana sociedad.

Hoy sabemos que China explota sus minerales y recursos no atendiendo al llamamiento "ambientalista" porque no está dispuesta a quedar atrás tecnológicamente, si es que acaso lo estuvieran actualmente. Explota, además, muchos de otros yacimientos asiáticos y africanos, e incluso sudamericanos (Brasil) y su procesamiento alcanza casi el 70% de la producción mundial de tierras raras (REE), sobre todo pesadas, que son las más importantes para la fabricación de los dispositivos electrónicos actuales. Por eso, EE UU, que tan solo procesa el 12%, quiere Groenlandia. Europa las importa de China, por cierto. Recordemos que las REE (Rare Earth Elements) no son necesariamente elementos críticos, aunque algunos empiezan cada vez más a serlo, como el neodimio, praseodimio, disprosio y terbio, ni tampoco, y esta confusión es más habitual, elementos escasos. El cerio, por ejemplo, es más abundante que el cobre.

Ahora no es que no queramos la máquina de vapor como los luditas. Lo que no queremos es que el vapor se eche frente a nuestras casas, da igual dónde, con tal de que no esté a nuestro lado. Queremos lo mejor, pero sin tener lo peor. Y quienes se arriesgan con lo peor acabarán imponiendo sus normas a nuestra comodidad ecologista europea.

Mientras tanto nosotros aquí estamos soñando con "El Principito" y "Alicia en el país de las maravillas".

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