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Progresismo de charanga y pacotilla

Los planes regeneradores de la izquierda que parecen cartón piedra

Habitamos un país charanguero donde la política se entona a golpe de platillo y se baila al son de la consigna hueca. Al frente de la orquesta, lleva la batuta el presidente del Gobierno, que dirige con gesto solemne una sinfonía sin partitura: presupuestos ausentes, gasto hipertrofiado, inversión en paradero desconocido... Un programa así, nos dicen, está llamado a triunfar en la Unión Europea. Se llama demagogia insensata y desconocimiento de las normas básicas de economía.

Mientras tanto, cuatro partidos fracasados se reúnen para refundar Sumar, fingiendo que el cambio de etiqueta obra milagros. Es como cambiar el envoltorio del turrón rancio y anunciarlo como delicatesen; o lo de los perros y los collares.

El nombre de la criatura refundada —“Un paso al frente”— culmina la comedia. Podrían haberse llamado “Ni un paso atrás”, a sabiendas de que a sus espaldas ya solo queda el precipicio. Todo depende del punto de partida: desde el sótano electoral, un paso apenas te saca del trastero; desde el borde del abismo, se antoja una invitación al vacío.

Y como traca final, otra ocurrencia de Yolanda Díaz, que cada vez que habla el pan de supermercado se pone a precio de masa madre. La vicepresidenta entona la defensa del burka en nombre de la libertad. Cuesta imaginar a las mujeres afganas abriendo cada mañana el armario y elegir entre taparse de arriba abajo o enfundarse una minifalda. Bendito progresismo de salón, feminismo de escaparate y una izquierda de pacotilla convencida de que basta con cambiar el lema para disimular el trampantojo.

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