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El salario mínimo no es el problema, es la excusa

La subida del SMI, un debate económico y de modelo de sociedad

Cada vez que se plantea una subida del salario mínimo interprofesional (SMI) reaparece el mismo discurso: alarma, advertencias sobre competitividad y un supuesto riesgo para el tejido empresarial. Conviene decirlo con claridad: convertir el SMI en el culpable de los problemas estructurales de Asturias no es realismo, es una simplificación interesada, que conduce a ninguna parte y no resuelve ningún problema.

El salario mínimo no es el problema, es la excusa

El salario mínimo no es el problema, es la excusa

El salario mínimo no ha hundido la economía asturiana, ni ha provocado una destrucción masiva de empleo, tampoco ha paralizado la actividad empresarial, ni la negociación colectiva se ha quebrado y el país no se ha roto en mil pedazos.

Lo que sí ha hecho es tirar para arriba de muchas categorías salariales que estaban dentro de los convenios en el margen del salario mínimo, y que muchas empresas han intentado esquivar absorbiendo los complementos que la clase trabajadora cobraba en función de cómo prestaba la actividad, hablamos de antigüedad, nocturnidad, toxicidad etc. Con la nueva ley se impedirá que se absorban los pluses más habituales de las nóminas, pero además al ser el SMI un salario bajo, las familias no lo pueden destinar al ahorro, y por tanto van al consumo, lo que hace que las empresas vendan y no entren en crisis, paguen las cotizaciones a la Seguridad Social y los impuestos, con lo que el Estado recauda más y dispone de más recursos económicos para entre otras muchas cosas, el fortalecimiento de nuestros servicios públicos y para la inversión productiva. Pero detrás del salario mínimo hay personas y familias y con su subida se está mejorando la vida de miles de trabajadores y trabajadoras que estaban atrapados en sueldos precarios.

El debate sobre el SMI no es solo económico, es un debate sobre qué modelo de sociedad queremos. ¿Queremos una Asturias que compita bajando costes laborales o una Asturias que compita en calidad, innovación y valor añadido? ¿Queremos empresas sostenibles a costa de sueldos ajustados o una prosperidad compartida donde el trabajo garantice dignidad?

No se puede competir empobreciendo. Asturias no puede construir su futuro sobre salarios bajos. No podemos pedir a la gente joven, que no puede acceder a una vivienda, que se quede, que se independice, que forme una familia o que consuma en nuestra economía, mientras normalizamos sueldos que apenas permiten llegar a fin de mes.

No se puede exigir moderación salarial permanente mientras se aumentan los márgenes de beneficios, los dividendos y las ayudas públicas. No se puede reclamar responsabilidad a quienes trabajan y olvidarla cuando hablamos de beneficios y toca repartirlos entre toda la clase trabajadora, porque la productividad y la competitividad de las empresas no depende de pagar poco, no la generan los consejos de administración, los despachos, ni los muros de ninguna empresa, la genera un modelo productivo moderno, innovador y de mayor valor añadido, con inversión, tecnología, formación a los trabajadores y modernización empresarial, con una adecuada organización del trabajo, y eficacia en la gestión. Y sobre todo es la clase trabajadora la que hace productiva a la empresas, que ponen su inteligencia para innovar y sus manos para trabajar con destreza.

El salario mínimo no es una extravagancia ideológica, es un suelo mínimo de justicia que garantiza la cohesión social, y en una comunidad con envejecimiento, pérdida de población y sectores feminizados con salarios bajos, es también una herramienta contra la desigualdad.

Plantear la subida del SMI como una amenaza no es realismo, es pretender que los ajustes y la productividad sea a costa de bajos salarios y largas jornadas de trabajo, producto de una visión antigua, más propia del siglo pasado y socialmente muy injusta. Es resistirse a un cambio que es imparable porqué las personas ya no están dispuestas a trabajar para seguir siendo pobres, porqué Asturias necesita empresas fuertes, pero también necesita trabajadores y trabajadoras con derechos, con estabilidad y con salarios suficientes para vivir con dignidad.

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