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Los héroes silenciosos

El problema de asfixiar a los autónomos, pilar de España

He sido autónoma durante muchos años. Y no lo digo como una línea más en mi currículum, sino como una experiencia que marca para siempre. Los que lo sois o lo habéis sido sabéis bien de lo que hablo. Ser autónomo en España es emprender, pero sobre todo es resistir. Es levantarte cada mañana sin sueldo garantizado, sin vacaciones pagadas, sin red de seguridad. Es abrir la persiana sabiendo que, factures o no, la cuota llega. Y que Hacienda siempre acaba llamando a tu puerta.

En mi etapa como autónoma, he vivido esa sensación de mirar el calendario y no ver fines de semana, sino vencimientos. He sentido la presión de tener que pagar impuestos incluso cuando los ingresos no acompañaban. Porque el autónomo paga siempre. Paga si gana mucho y paga si gana poco. Paga si tiene beneficios y paga si está al límite. Y si un mes no llega a tiempo, la sanción no entiende de excusas ni de esfuerzo previo.

Mientras tanto, desde los despachos se habla del autónomo como si fuera una cifra más en una estadística. Como si fuera sospechoso por definición. Como si crear empleo o generar riqueza fuera en esta España casi una anomalía que hay que vigilar. Pero la realidad es otra. La realidad es que el autónomo es el motor silencioso de España. Es una de las patas que sostienen la economía real. Es quien arriesga su patrimonio para sacar adelante un proyecto. Es quien da la primera oportunidad laboral a muchos jóvenes. Es quien mantiene vivos nuestros barrios y nuestros pueblos.

En Asturias lo sabemos bien. Cada comercio que resiste en una calle que pierde población, cada taller que aguanta pese a la subida de costes energéticos, cada profesional que decide no marcharse fuera, está haciendo región. Sin discursos grandilocuentes. Sin pancartas. Solo trabajando. Esa es la verdadera asturianía.

Y sin embargo, ¿qué reciben a cambio? Más burocracia. Más trabas. Más inspecciones. Más impuestos. Más incertidumbre. Cada reforma fiscal es una amenaza. Cada nueva normativa, una carga añadida. Se legisla como si el dinero cayera del cielo, olvidando que antes alguien lo ha tenido que generar.

Conviene recordar una obviedad que cada vez se pasa más por alto: todo lo público se sostiene sobre lo privado. No hay hospitales, colegios, carreteras ni ayudas sociales si antes no hay alguien que haya creado riqueza y haya pagado impuestos. No existe el Estado sin el esfuerzo previo del sector productivo. Y, dentro de ese sector, el autónomo ocupa un lugar esencial.

Cuando se asfixia al autónomo, se asfixia a la economía entera. Cuando se le suben impuestos en nombre de una supuesta justicia social, lo que se está haciendo es debilitar la base que sostiene el sistema. Y cuando se le criminaliza o se le presenta como privilegiado, se está insultando a miles de personas que viven al día, que adelantan el IVA de facturas que aún no han cobrado y que hacen malabares para pagar nóminas antes que su propio sueldo.

Yo no hablo de teoría. Hablo de experiencia. Sé lo que es hacer cuentas en una servilleta. Sé lo que es renunciar a vacaciones porque no puedes cerrar. Sé lo que es preocuparte por si podrás mantener el negocio un año más. Y también sé el orgullo de sacar adelante un proyecto con tu propio esfuerzo.

Por eso defiendo con claridad que España necesita menos carga fiscal y más libertad económica. Necesita simplificar trámites, reducir impuestos y dar seguridad jurídica. Necesita confiar en quienes crean riqueza en lugar de exprimirlos. Porque cuando a un autónomo le va bien, a España le va bien.

El autónomo no pide privilegios. Pide respeto y reglas claras. Pide que no le cambien el tablero de cuotas cada seis meses. Pide que su esfuerzo merezca la pena. Que trabajar más no signifique que le castiguen más.

Si queremos futuro, necesitamos más emprendedores y menos burócratas. Más personas dispuestas a arriesgar y menos políticos empeñados en intervenirlo todo. Porque la prosperidad no nace de decretos, nace del trabajo. Y en España, ese trabajo tiene nombre y apellidos, el de los millones de autónomos que cada día sostienen esta nación.

Yo he sido una de ellos. Y por eso no pienso olvidar de dónde sale realmente la riqueza que mantiene en pie nuestro país.

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