Opinión
Un eslogan contra una guerra
El intento de Pedro Sánchez de volver a movilizar a la izquierda
En su alocución dirigida al país por televisión, Pedro Sánchez resumió la posición del gobierno español ante el ataque de los ejércitos norteamericano e israelí a Irán con cuatro palabras que han dado por segunda vez la vuelta al mundo en menos de veinticuatro horas. Queriendo ser más preciso, consideró que la operación militar es un error repetido, que no traerá nada bueno, sino más incertidumbre; se opuso al uso de las bombas, apeló al cumplimiento de la legalidad internacional y abogó por una solución diplomática del conflicto que asegure una paz justa y duradera. Este es el deseo compartido por una mayoría amplia de españoles. Según la última encuesta publicada, solo los votantes de Vox apoyan mayoritariamente el inicio de las hostilidades contra Irán.
Los dirigentes políticos y la prensa de todo el mundo han reaccionado de distinta manera, desde la satisfacción del presidente iraní hasta la prudencia distanciada de los líderes de la Unión Europea y el gesto contrariado y vengativo de Trump. La gesticulación del presidente de Estados Unidos le viene a Pedro Sánchez como anillo al dedo, al menos mientras no sea acompañada por consecuencias tangibles, en su estrategia de movilizar a los electores de izquierdas que se han ido retirando a pensar su voto en el transcurso de la legislatura. La actitud indecente con la que Trump provoca, diciendo por ejemplo que el bombardeo le resulta tan entretenido como un juego de niños, pone en bandeja al presidente del Gobierno español la posibilidad de una réplica que merezca el aplauso de la sociedad española. En el mitin celebrado en Soria, con la bandera ocupando una pantalla gigante de fondo, ha proclamado el orgullo de ser español que debemos sentir por el eco que está teniendo su respuesta a Trump.
El tiempo dirá si el Gobierno español se ha posicionado en el lado correcto de la historia. Por el momento, lo que sí parece un acierto pleno es su negativa a apoyar ciegamente una actuación bélica, con irreparables y desastrosas consecuencias, para la que no ha sido consultado y cuyos objetivos no están nada claros. Desde luego, resulta poco creíble que Trump y Netanyahu estén movidos por la democracia o el respeto a los derechos humanos. La amenaza del programa nuclear iraní, si es verificada, habría que tomarla muy en serio. También puede ser que el presidente norteamericano, con la ayuda interesada de su colega israelí, pretenda reordenar el Oriente Medio y poner freno a la expansión de la influencia china, justo antes de la visita que hará a finales de mes a su gran rival por la hegemonía mundial.
Las cuatro palabras de "no a la guerra", juntas, suenan bien. Con ellas hacemos memoria de una emoción colectiva vivida por gran parte de la sociedad española. Pero ¿qué significan en boca del presidente del Gobierno? Pedro Sánchez, siendo líder de la oposición, respondió a la petición de Mariano Rajoy para facilitar su investidura, qué parte del "no" no había entendido. Pues es necesario que Pedro Sánchez explique lo que quiere decir con este nuevo "no". Que aclare si su rechazo es a esta guerra en concreto, o bien a iniciar cualquier guerra, o el "no" es incondicional e incluye la renuncia a defender al país con armas de una agresión.
Por otro lado, España tiene contraídas obligaciones, políticas y militares, con sus socios de la Unión Europea y de la OTAN. Sin embargo, el "no" de Pedro Sánchez ha resonado en los foros internacionales como un desmarque del Gobierno español, que sucede a otros desencuentros habidos recientemente. Cierto es que la Unión está convirtiéndose en una polifónica con estridencias, pero en la coyuntura internacional actual, cada vez más polarizada, a España le interesa una alineación definida en política exterior. La posición que viene adoptando Pedro Sánchez suscita recelos y dudas, lo que en estos tiempos no nos favorece.
El "no a la guerra" es un buen mensaje ecuménico, que el Papa suele emitir en positivo, transmitiendo el deseo de paz. Y fue una consigna con fuerte impacto político en España, un clamor social en vísperas de la guerra de Irak. Pero no se recuerda el caso de un eslogan que haya detenido una guerra, algo que es menos probable cuando se percibe una disposición generalizada al uso de la fuerza. Un gobierno intercede en una guerra con sus influencias, su diplomacia, su ejército si es preciso, pero no con eslóganes. Pedro Sánchez se vuelve esquivo en las situaciones problemáticas. No las encara de frente con verdadero ánimo de resolverlas; siempre procura replantearlas a su conveniencia y llevarlas a un terreno donde confía en jugar con ventaja.
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