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Opinión | Caloninos en la Cantábrica

Incienso marinero

La devoción de los jóvenes en la Semana Santa

Hay jóvenes que todavía se niegan a ser parte del manso rebaño y eso que no lo tienen nada fácil. Justo cuando está a punto de cumplirse una semana desde que la actriz Silvia Abril echase la lengua a pacer en la ceremonia de los Goya (sí, en plena alfombra roja del cine español hasta se atrevió a hablar de chiringuitos) un grupo de jóvenes gijoneses dejó claro que su libertad de pensamiento va mucho más allá de las proclamas con las que a diario les bombardean a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Fue el pregón infantil de ayer en la colegiata de San Juan Bautista el pistoletazo de salida a una Semana Santa que regresa con la ilusión de superar los registros del pasado año. Una bienvenida a la Pascua que cada año las tres cofradías que lograron recuperar las procesiones en los ochenta en Gijón se desviven porque cada vez sea más multitudinaria. Quizás, hoy en día, pocas cosas habrá más transgresoras que un niño con su palma al lado de la Borriquilla, agitando los incensarios al lado de un paso o con un cirial en la mano.

La Santa Vera Cruz fue la primera en traer el sentimiento cofrade a la capital marítima del Principado allá por 1645. Luego se sumaron con los años la Santa Misericordia y el Santo Sepulcro. Los actuales hermanos mayores son herederos del esfuerzo y clarividencia de hombres como los añorados José Luis Llorens o José Ramón Costales, quien bautizó a la Semana Santa de Gijón como "solemne, religiosa y de significativo carácter marinero". Ellos, con ayuda de otros, lograron devolver las imágenes a las calles tras años de silencio penitente desde que en 1970 se pusiese el freno. Los actuales representantes de las tres hermandades siempre han dado la cara al coger el testigo, incluso en los tiempos en los que soplaba nordeste. Pero son conscientes de que, como ocurre en casi todos los colectivos de la ciudad, sea cual sea su bandera, el relevo generacional resulta imprescindible para garantizar la continuidad de una celebración cultural que bien es sabido trasciende de lo religioso.

En los jóvenes de la Cofradía del Niño del Remedio tienen los cofrades el futuro garantizado. Lo dejó claro ayer el pregonero infantil, Miguel Fernández-Peña, en un sólido discurso lleno de compromiso, entrega, sinceridad, ilusión y fe. Igual que ellos escuchan la experiencia de sus mayores, reclamó que las ideas juveniles no caigan en saco roto. Más puertas abiertas, salvaguardando por supuesto, como bien enfatizó, la tradición que están llamados a heredar. El camino a seguir lo dejó claro la Vera Cruz, apostando por la jovencísima pintora Almudena Rodríguez Collazo para realizar el cartel de la Semana Santa de este año. Una representación de la Piedad que da aire fresco a las celebraciones.

Esos jóvenes aguardan con ansias la llegada del Viernes de Dolores para enfundarse sus hábitos y procesionar por bajovilla y el barrio Alto desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección. Con la vista puesta en el cielo para que la meteorología acompañe. Con el olor a mar mezclándose con el incienso. Y con la pena, desde su libertad más profunda, de que Silvia Abril no lo entienda.

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