Opinión
La mirada de Lúculo: El año del vino del cometa
Pushkin, en el restaurante Talón, inclinaba su copa y observaba el collar de burbujas pensando que la poesía es eso; en 1811, las viñas en Champagne maduraron con una serenidad solar irrepetible en décadas

La mirada de Lúculo: El año del vino del cometa / Pablo García
Hubo un año, 1811, en que el cosmos y la vid se pusieron de acuerdo. Un poeta levantó entonces su copa para brindar por la fugacidad. El vino del cometa tenía algo de presagio. Los cronistas hablaron de una madurez perfecta, de un verano que no se excedió y de una vendimia sin sobresaltos. Pero en Rusia, donde la historia galopa, la perfección es siempre sospechosa. Quizá por eso el champán de ese año gustó tanto en los círculos petersburgueses. Ofrecía la ilusión de una armonía que la política y el clima negaban. Dentro, en los salones, la tierra era redonda y amable; fuera, la nieve seguía cayendo con su paciencia de siglos. He querido imaginarme a Aleksandr Pushkin inclinando la copa mientras observa el collar de burbujas que asciende hasta el borde y piensa que la poesía se parece a eso. Una sucesión de impulsos invisibles que encuentran su forma en el aire. Bebe. La acidez limpia el paladar como una metáfora precisa. Alguien habla de París, de modas y de revoluciones; otro recuerda que el cometa fue visto incluso desde las aldeas más remotas. Y el poeta, con esa sonrisa irónica suya, entiende que el verdadero viaje no es el del astro ni el de la botella, sino el del regusto que despierta la memoria.
Entonces, en los cielos de Europa, un cometa barría la oscuridad con una cola obstinada, como si quisiera peinar la historia hacia adelante; en la tierra, las viñas de Champagne maduraban con una serenidad solar que no volvería a repetirse en décadas. Entre el polvo cósmico y el azúcar de las uvas, la cosecha fue tan excepcional que todavía hoy se la recuerda. Mientras tanto, en San Petersburgo la nieve aprendía a crujir bajo las botas de charol y la avenida Nevski resplandecía a la luz de sus faroles. He imaginado también, formando parte de esa postal, a Pushkin que entra en el restaurante Talón con la capa todavía húmeda por el deshielo. La puerta se abre y deja pasar un soplo del Neva; dentro, la luz es ámbar y hospitalaria. Hay un rumor de porcelanas y cucharas que suena a conspiración elegante. En una mesa cercana, un oficial joven presume de una caja de champán recién llegada; el corcho salta con insolencia francesa y el vino cae en las copas como si aún guardara en su espuma la estela del cometa. Pushkin sonríe. Sabe que el mundo es un teatro y que la vida, cuando se sirve bien fría, también rima. El Talón —santuario de la cocina afrancesada en pleno corazón ruso— es más que un restaurante. Allí se cruzan las palabras de los poetas con la mantequilla clarificada de las salsas; los aristócratas hablan de duelos y de óperas, y entre frase y frase mastican pedazos de faisán, lucioperca en costra, toman sopas que huelen a bosque. El maître recita el menú como si declamara un soneto. Y, de pronto, alguien cita un verso de "Eugenio Oneguin" donde el vino del cometa aparece no solo como bebida sino como símbolo. Es el lujo de un instante que sabe irrepetible. "La escarcha cubre, chispeando, su abrigo de castor. Oneguin va a Talón, allí Kaverin ya lo aguarda. No bien entra, el corcho sale disparado; se vierte el vino del cometa". Le sirven un roastebeef ensangrentado, trufas, y lo mejor de la cocina francesa: el inmortal paté de Estrasburgo, queso de Limburgo y dorada piña. La sed pide más copas.
En 1811, la casa de la Viuda Clicquot, con esa audacia que sólo tienen las mujeres que han sobrevivido a la intemperie, entendió que el cielo podía ser su aliado. La viuda, que había aprendido a gobernar entre guerras y bloqueos, apostó por la paciencia. Dejó que el vino sintiera su propia respiración en la oscuridad de las cavas. Y cuando por fin salió a la luz, llevaba dentro un coro armónico de burbujas finas, una acidez que parecía un violín afinado y un perfume de manzana asada, de brioche y almendra fresca. Gontcharova —sí, la mismísima Natalia— con su belleza descarada habría sabido apreciar ese matiz dorado que trepaba por el cristal. En los salones petersburgueses su nombre era un susurro, una promesa, el espejo donde los oficiales se miraban para comprobar si aún eran jóvenes. Imagino que en alguna velada, antes o después de que el destino trazara su curva trágica, alguien descorchó una botella de 1811 y la espuma ascendió como una risa contenida. El cometa había pasado, sí, pero el vino retenía su memoria líquida.
Mientras tanto, en el Talón —Imperial Hotel,15 de la avenida Nevski— la cocina seguía su liturgia. El esturión llegaba con una salsa francesa pensada en ruso; el caviar brillaba como una constelación helada; el pan, caliente y crujiente, era la única democracia posible. Pushkin, que sabía de hambres, celebraba ese instante con la conciencia de quien ha visto el filo del duelo. La gastronomía, cuando se convierte en ceremonia, es un modo de suspender la fatalidad. Cada bocado se vuelve un aplazamiento. San Petersburgo, con sus palacios glaseados por la escarcha, aprendió pronto a saborear la modernidad. La avenida Nevski era su arteria más luminosa, un desfile de carruajes y de pieles donde el Talón ofrecía un refugio confortable y aromático. Allí, entre el vapor de los platos y el tintinear del cristal, el vino del cometa se convirtió en relato. Quizá en leyenda. No importaba tanto su precio como su historia porque beberlo, según se ha dicho, era participar de una alineación secreta entre cielo y tierra.
Suscríbete para seguir leyendo
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el set de cubiertos de acero inoxidable para camping más barato del mercado: disponible por 4,99 euros
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el set de dos maletas de cabina más baratas del mercado: ligeras, con cuatro ruedas y volumen ampliable
- Uber arranca hoy en Asturias: estas son las ciudades en las que funcionará y los precios básicos
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para hacerse con la potente máquina de coser de Singer que es la más barata del mercado: tiene un descuento de casi el 70 por ciento
- El responsable de la DGT emite un comunicado en el Congreso para aclarar las dudas del adiós a la baliza v-16 y la reducción de la normativa: 'Caerá como fruta madura
- Detienen a un hombre en Oviedo por la muerte de dos personas
- La orquesta Panorama y Leire Martínez, estrellas de la programación musical de la fiesta de los Exconxuraos de este año en Llanera
- Así son los pisos de alquiler asequible para jóvenes de Lugones: 36 tienen una habitación, 8 cuentan con dos, y dispondrán de zonas comunes con secadoras
