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Transmitir a los jóvenes el legado feminista, una causa pendiente

Este 8M no puede quedarse en ritual de espacios violeta y consignas, sino que debe ser puente para llevar más lejos la marcha: dejar que la lucha de la mujer se tambalee debilita también la democracia

La manifestación del año pasado en Gijón.

La manifestación del año pasado en Gijón. / Ángel González / LNE

Este domingo, a la par que el Día Internacional de la Mujer, Asturias conmemora 50 años del nacimiento en la región de una corriente feminista organizada. Es una jornada especial para celebrar una meta simbólica, pero también para preocuparse por proteger lo que queda del camino, sosteniendo sin complejos las conquistas. La igualdad todavía requiere un esfuerzo continuo.  

Era noviembre de 1976 cuando un centenar de asturianas se concentraba ante el edificio histórico de la Universidad, entonces Facultad de Derecho, para dirigirse a la Audiencia en la primera manifestación feminista del Principado. Pedían la anulación del delito de adulterio y amancebamiento, castigado con una doble moral discriminatoria. El país salía de la dictadura. Un machismo estructural dominaba el ambiente. Aquel orden patriarcal implacable contrasta con los miles de personas que pisarán hoy las calles en defensa de estos derechos. La movilización trasciende el símbolo de una jornada. Para LA NUEVA ESPAÑA todos los meses son 8M gracias a la serie "Mujeres rompetechos", y cada día, el de reivindicar a la mujer.

Con pasos cortos o largos, nadie discute ya que en la sociedad arraigó la voluntad de cambiar el comportamiento hacia las mujeres. El éxito de haber mantenido encendida la llama no permite dejar de cuidarla. Sin feminismo no hay igualdad. Y sin igualdad no hay libertad plena porque queda desprotegida la mitad de la población. Quien reduce el debate a la pugna interna del movimiento –clásicas contra rupturistas–, a cuestiones de ortodoxia ontológica –la batalla por las esencias– o a una disputa cultural electoralista, orilla la esencia. Equiparar varones y féminas no es privilegio, sino justicia, progreso, cohesión social y prosperidad común que necesita para cuajar de voluntad política, instituciones robustas y redes públicas eficientes.

El punto delicado

La incorporación al mercado laboral de las asturianas constituye una feliz realidad, aunque conlleva también costes en términos de paro. La mayoría de los desempleados de la región son mujeres, mayores de 45 años y con escasa formación. La cúspide les sigue vedada. Ellas se concentran en puestos de empleadas, sin personal a su cargo. El 90% en un único sector: los servicios. Que los actos de hoy estén dedicados aquí a las campesinas no es un gesto folclórico, sino el reconocimiento a una parte esencial de la fuerza agraria cuya labor suele permanecer invisibilizada. Sin su presencia, no habrá relevo en el campo, ni equilibrio territorial, ni futuro alimentario.

Pero el punto más delicado está en las nuevas generaciones. Las estadísticas revelan que perciben el feminismo como manipulación y adoctrinamiento. Muchos chicos abrazan el papel de víctimas de la igualdad al entenderla como un abuso por ley que les resta oportunidades. Entornos sesgados por los que deambulan se encargan de presentarles derechos como privilegios con artera falsedad dogmática y populismo. Muchas chicas asumen con naturalidad los celos y el control del móvil como muestra de cariño. El amor no es razón para adueñarse de una vida.

Algo falla cuando estos discursos calan en el grupo mejor formado de la historia, el que creció educado en valores que representan la antítesis a la dominación machista. Merece una reflexión no exenta de autocrítica. Enfrascados en la polarización y las disputas sobre la pureza ideológica, nadie se ocupó de transmitir realmente a esa juventud la importancia del legado feminista. Por eso este 8M no puede quedarse en ritual de reserva de espacios violeta ni en suma de consignas, sino que debe ser puente que una a la ciudadanía en el sentido más amplio, los conservadores con los progresistas, los adolescentes con sus abuelos, para llevar más lejos la marcha. Porque dejar que la causa de la mujer se tambalee debilita también la democracia.

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